El blanqueo y el temor a invertir

Infobae. 30 de marzo de 2017.

Desde la década de 1940, el Estado se ha comportado en general como una suerte de violador serial de los derechos de propiedad. En ese recorrido, ha logrado establecer una elevadísima carga tributaria (inflación incluida) que incita a la evasión.

En consecuencia, miles de millones de dólares, por décadas, "volaron" al exterior.

Desde el año pasado, la aplicación de un "blanqueo de capitales" invita a regularizar la situación de esos fondos. Esta "amnistía fiscal" termina en breve.

Se estima que este blanqueo dejará en segundo lugar a Italia, que hizo aflorar 102 mil millones de dólares en 2009, y así, con la suma de aproximadamente 120 mil millones de dólares, nuestro país logrará el sinceramiento fiscal más elevado del mundo.

¿Cómo es que dada la historia argentina el gobierno ha logrado tan alta suma?

Sin dudas, la respuesta de más peso viene de la economía, sin cepo cambiario ni default, y con mayor seguridad jurídica, que hoy gozamos.

Pero hay otra razón que incentiva el blanqueo. Hoy, a diferencia del pasado, el mundo exige transparencia fiscal y acceso a las bases de datos sin aviso a los contribuyentes. Argentina comenzará a intercambiar información tributaria con 55 países. En 2018, se agregarán Suiza y Uruguay. Además, los bancos del exterior, en general, han iniciado un camino de repudio a los fondos no declarados en el país donde sus tenedores son contribuyentes.

Finalmente, vale destacar algo que pocos meses atrás resultaba difícil de prever. Se trata de la ratificación del gobierno de Trump sobre el acuerdo de intercambio de datos con nuestro país.

En suma, no es fácil esconder el dinero o cualquier activo.

De esta forma, una gran entrada de divisas permite al gobierno local cumplir con los jubilados dentro del Plan de Reparación Histórica. Cerca de un millón de personas serán beneficiadas. De esta forma, los jubilados abandonan todo litigio contra el Estado. Tales recursos provienen del impuesto especial del 5, 10 ó 15% -según el bien declarado y el momento de acceso al plan- sobre el valor de los activos implicados.

De ahora en más, el gran desafío será atraer buena parte de los activos "exteriorizados" como inversiones destinadas a la producción en nuestro país. El "ambiente institucional" obviamente no es el mejor. Por ello, la meta a lograr es justamente ése: una institucionalidad amigable con la inversión.

Es cierto que las inversiones prospectivas en la Argentina deben enfrentar un riesgo alto en comparación con otros destinos. Pero también los es que muchos están sufriendo una escalada de incertidumbre y de peligros. La Unión Europea, por ejemplo, amenaza con desmembrarse y EEUU navega en un mar de incertidumbre.

En tanto en nuestro país, hay sectores con un "ambiente institucional", tanto formal como informal, relativamente avanzado. En base a ello y a sus ventajas comparativas y competitivas, por ejemplo, la cadena agroindustrial presenta oportunidades formidables.

Luego de varias décadas de "pisoteo" estatal, desde que el eslabón agrario demostrara en 2008 el apoyo de la sociedad argentina, establecer reglas distorsivas, para el Estado, no resulta fácil. La protesta del campo de ese año nos recuerda a lo sucedido en 1215, cuando los barones de Inglaterra le hicieron firmar la Carga Magna al Rey Juan Sin Tierra.

La institucionalidad que corre por las venas de la cadena agroindustrial crece día a día. Y eso es bueno para las inversiones.