La Defensa, desatendida

Clarín. 25 de abril de 2018.

A pesar de que en la Argentina se ha evidenciado el deterioro de las capacidades de defensa, el presupuesto se mantiene por debajo del uno por ciento del PBI. Alcanza sólo para pagar salarios y deja un monto exiguo para reequipamiento, entrenamiento y operaciones requeridas por el Estado soberano.

La cantidad de defensa con que se cuenta depende de la asignación de los recursos presupuestados por el Gobierno y aprobados por la constelación de representantes en el Congreso, electos según las preferencias de los ciudadanos.

Muchos en el país creen que, dada la debilidad de la economía y la existencia de innumerables carencias, es imposible mejorar la defensa sin afectar la dotación de los escasos recursos. Sin embargo, se recauda de modo ineficiente, se exceptúan de pagar impuestos a algunos grupos sociales, se subsidian innecesariamente actividades, sectores y usuarios de servicios, o simplemente se desperdicia. Ajustes en este conjunto y la reactivación de la producción para la defensa podrían generar los recursos necesarios sin afectar a aquellos verdaderamente necesitados.

De la oposición, poco o nada se puede esperar. Continúa con las visiones de la administración anterior: sesgo persecutorio hacia las Fuerzas Armadas, propiciar el desarme unilateral y obstruir cualquier iniciativa que permita acceder a equipamiento actualizado para la defensa.

Por último, el Gobierno y los sectores moderados de la política demostraron su voluntad para rechazar las muestras de antimilitarismo del pasado y están mejor dispuestos a defender el honor de las Fuerzas Armadas. Pero parecen poco dispuestos a abordar los problemas concretos que enfrenta la Defensa. Sí comparten con los otros dos grupos la idea de limitar los recursos para sostener una defensa nacional creíble. Además, se generan dudas sobre los objetivos últimos de la conducción política cuando el ministro responsable del área confunde a la aviación naval con una Fuerza Aérea. Del mismo modo, podría ser proclive a confundir a la Prefectura con la Armada y a la Gendarmería con el Ejército.

En plena década de los ‘30, y ante la presencia de un clima de creciente agresión internacional, un parlamentario británico declaró que no se ganaban las elecciones apoyados en un programa de defensa. El gobierno británico procuró optimizar la defensa con menos gasto. Cuando finalmente la guerra estalló, si no hubiera sido por el Canal de la Mancha y la ayuda estadounidense, el destino final de Gran Bretaña hubiera sido otro. Entonces, aprendieron que sin ese programa tampoco estarían preparados cuando la necesidad surgiera. En el presente se ha incrementado el apetito y la competencia de las potencias que amenazan a los espacios vacíos y las áreas comunes. Hay que tener en cuenta que asegurar una defensa creíble no se logra sólo con un tenue tramado de acuerdos enunciativos de cooperación. La preparación de la defensa lleva tiempo. En nuestro caso, por no tener quien la defienda, los argentinos seguimos indefensos.

Alejandro Corbacho es profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad del CEMA