Historia Argentina

“Acostumbrado a la fábula, nuestro pueblo no quiere cambiarla por la historia. Toma la verdad como insulto,” escribió Juan Bautista Alberdi hace casi 150 años. Lamentablemente esta mala costumbre persiste, lo cual genera un pingüe negocio para los fabulistas. Pero la sociedad argentina paga un costo alto por esta afición porque la historia es una parte esencial de cualquier modelo de interpretación de la realidad. Entre el pasado y el presente existe, decía Alberdi, “una filiación tan estrecha que, juzgar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente”. Equivocar el pasado implica inevitablemente equivocar el presente, y por ende, también el futuro.

Según Alberdi había dos maneras de escribir la historia. La primera se basa en “la tradición y la leyenda popular, que es de ordinario la historia forjada por la vanidad, una especie de mitología política con base histórica” en la que los “grandes hombres” eran “la causa motora de los hechos históricos”. Con sus biografías de Belgrano y San Martín, Mitre inauguró una tradición que han seguido y siguen la mayoría de los historiadores argentinos, especialmente los revisionistas, que son sus más severos críticos. La segunda manera de escribir la historia se basa en el análisis de la cronología, los archivos y los documentos originales. Más que relatar la vida de hombres célebres, investiga “las leyes, las fuerzas y los intereses” en las que reside “la verdadera causa que produce los hechos”. Esta es, según Alberdi, “la verdadera historia, pero que pocos se atreven a escribir por miedo a lastimar la vanidad del país con la verdad.”