Lentes para usar la pantalla

Clarín. 10 de abril de 2016.

Emprendedores kon optics. Pasar horas frente a la computadora puede ser un tormento para quienes son sensibles a las luces muy brillantes. Si padecen migrañas, pueden resentir incluso la lectura en papel.

Para Mariano Muruzabal, cursar la carrera de Economía (en la UBA) fue un quinquenio de luchar contra unas migrañas atroces y otros síntomas físicos que le producía la excesiva sensibilidad a la luz. Lo cual le dificultaba mucho leer, aunque fuera en papel: ni hablar de cuando tenía que estar frente a la pantalla de la computadora.

“Esa luz tiene un gran componente de color azul, lo que termina irritando al ojo, al igual que la de ciertas luces fluorescentes que se usan mucho en los espacios de trabajo”, explica Muruzabal. Por supuesto, cuando además la persona es fotosensible, este mal efecto se potencia.

El motivo por el cual él es tan fotosensible que, cuando terminó la carrera, temió no poder seguir estudiando, era una condición física subyacente que le llevó años descubrir. En ese lapso no sólo consultó a oftalmólogos y neurólogos, sino que además emprendió por su cuenta una investigación que le brindó un know how por el cual hoy, por ejemplo, puede interpretar solo un estudio científico como el doble ciego.

En ese periplo, conoció a un bioingeniero con el mismo problema que él. “Para aquel momento, él se protegía la vista con unos filtros para los lentes que se hacía él mismo, mientras que yo los importaba”, cuenta Muruzabal. “Nos unimos para ver qué hacer con nuestro problema, y en pocos meses desarrollamos un conjunto de lentes para los chicos que tienen trastornos de aprendizaje porque les cuesta leer; y otros más calibrados para las personas que sufren migraña”.

El salto Fueron los primeros en América Latina, donde nadie hasta aquel momento había desarrollado productos de estas características –aunque sí en los Estados Unidos. “Ahora me doy cuenta de que había vivido con un estado físico de 1 ó 2 en una escala de 10”, cuenta el economista. “Con estos lentes, salté directamente a 6 ó 7; y hay días en los que estoy en 8 ó 9”.

Pero el objetivo de esta investigación no había sido crear un negocio; y además los amigos se distanciaron. No fue sino hacia 2013 cuando Muruzabal decidió ponerse a fabricar y vender anteojos antimigraña, para lo cual tuvo que hacer todo un cálculo acerca de qué tintas le convenía usar para pintar lentes a escala –trabajó con espectómetros, viendo qué hacía cada tinta y en qué graduación-, con qué tecnología de pintado y, en fin, armar todo un plan de negocios. Lo logró rapidísimo porque además, para entonces, ya tenía hecho un posgrado en Finanzas en la UCEMA.

“Identifiqué dos tintas, que importo de los Estados Unidos y a las que combino para obtener las propiedades de filtrado ideales para las personas a quienes la luz muy brillante nos da migraña”, narra el proceso de fabricación de los lentes de su marca, Kon Optics.

“Compro los lentes orgánicos y los someto a un tratamiento de teñido con esas tintas, que aprendí a hacer yo mismo, con una máquina china que compré acá”. Luego le pasa los lentes a un laboratorio que se los corta y los mete en los armazones que Muruzabal le compra a otro proveedor.

Similar es el procedimiento para los anteojos para los niños con trastornos de aprendizaje. “Investigando, me di cuenta de que el problema de muchos de ellos es que cuando el contraste entre el blanco de la página y el negro de la tipografía es muy alto, les cuesta leer, lo que se agrava cuando además el tipo de papel es muy brillante”, abunda el emprendedor. “Esto puede ser un problema para el cerebro; incluso les pasa a muchos adultos. Entonces hago unos lentes que neutralizan los blancos, y eso permite leer mucho mejor”.

La modalidad de comercialización es exclusivamente a través del sitio web de Kon Optics. Respecto de la distribución, si los clientes están en el interior –o en el exterior- del país, reciben sus anteojos por OCA; si están en la Ciudad de Buenos Aires, pueden llegar a recibirlos de manos de su propio creador. Por ahora.