Gyula Kosice - Una gema artística en Buenos Aires

Por David Galenson, profesor de la Universidad de Chicago; Director Académico del Centro de Economía de la Creatividad de la UCEMA.

En 1928, con cuatro años de edad, Gyula Kosice arribó a Buenos Aires con su familia, inmigrantes húngaros en búsqueda de una mejor vida en la Argentina. Lo que nunca olvidó de la travesía por el océano fue la interminable extensión de agua y las estrellas que brillaban en el cielo nocturno. Agua y luz se convertirían más tarde en elementos centrales de su arte. Unos años después, Kosice lee un libro sobre Leonardo Da Vinci y queda fascinado por sus esfuerzos para combinar arte, ciencia y sus invenciones mecánicas. Una tríada cristalizada en la mente de Kosice -arte, ciencia y tecnología- que serviría como base para nuevas formas de arte.

En una fría mañana de agosto en un barrio residencial de Buenos Aires, un amigo de Kosice, David Weseley, me llevó a conocer al artista en su taller. Kosice nos saludó calurosamente e inmediatamente accedió a responder a cualquier pregunta que quisiera hacerle. El habla poco inglés y yo no hablo español, así que llegamos a un acuerdo con el francés, idioma que aprendió cuando vivió en París en la década de 1950. Durante casi una hora habló en voz baja y con precisión sobre su vida y el desarrollo de su arte.

La diversidad del arte de Kosice es enorme. Es difícil comprender los contornos de sus logros como artista, incluso mientras se está sentado en su taller, rodeado de su arte y escuchando su relato cuidadoso. Es uno de los innovadores conceptuales versátiles de la era moderna que, siguiendo el ejemplo pionero de Picasso, se negaron a ser restringidos a un único estilo o género. Su carrera se extendió durante casi siete décadas y es variada en múltiples dimensiones. Kosice enfatiza que su arte privilegia las ideas, declarando que "la teoría es el comandante, la práctica es el soldado".

Vestido con elegancia casual, con una chaqueta azul y pantalones de pana, una bufanda de lana anudada ligeramente alrededor de su cuello, luce y suena como un miembro distinguido de la Escuela de París de los años 1950 o 60, que lo fue durante casi una década. Kosice ha sido un innovador a lo largo de toda su carrera -"originalidad" es una palabra que utiliza con frecuencia-, pero sus primeras obras están claramente relacionadas con los movimientos conceptuales del arte avanzado de su juventud, incluyendo el Surrealismo, el Constructivismo y De Stijl. A la edad de 20 años, hizo una pequeña escultura móvil articulada de madera que se convirtió en una contribución clave a la abstracción argentina y hoy ocupa un lugar prominente en el museo MALBA de Buenos Aires. En 1946, fundó Arte Madí, un movimiento argentino que promovía la abstracción geométrica. Junto a otros miembros del grupo realizaron pinturas en lienzos con marcos recortados en formas geométricas que hoy ocupan su propia sala en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Este trabajo temprano le valió una gran reputación. En una nota sobre una exposición que realizó en 1965 en una galería de París, la revista francesa L'Express lo describe como "uno de los grandes escultores de nuestro tiempo".

Pero Kosice nunca quedó atrapado artísticamente en una época en particular. Este digno estadista artístico colabora ahora con jóvenes técnicos para hacer arte que utiliza nuevas tecnologías altamente sofisticadas. En su taller, pinturas y esculturas que evocan las décadas del ́50 y ́60 se encuentran codo a codo con esculturas futuristas en acero y plexiglás que se parecen a modelos de astrónomos del espacio exterior. En una de estas, Planeta Kosice, una esfera resplandeciente de joyas parece estar suspendida mágicamente en el centro exacto de un cubo de plexiglás que cambia de color a medida que una fuente de luz oculta muta lentamente del azul al verde. Otras esculturas, incluyendo "las ciudades hidroespaciales" que diseñó como una solución al problema de la población de la tierra, cuelgan del techo.

Al preguntar sobre el objetivo de su arte, Kosice responde con una
sola palabra: "emouvante" (movimiento). Su trabajo se mueve para el espectador: lo hace pensar en muchas otras ocasiones y lugares. Pero el arte también se mueve realmente. Caminando a través de su taller, hay movimientos de todo tipo. Algo de esto es literal: agua que fluye, espejos que giran, corrientes de aire que hacen rebotar a esferas suspendidas. Y algunos de los movimientos son visuales, como patrones geométricos de colores brillantes que crean efectos ópticos e ilusiones. Kosice se refiere a menudo al cambio: él hace su arte para el futuro, para poetizar el mundo, para hacer la vida de la gente más interesante y más bella.

Kosice es una figura central en el arte avanzado argentino del siglo XX: otra figura importante, el artista conceptual Nicolás García Uriburu, es propietario de varias obras de sus obras, y lo describe como "un artista fundamental de su tiempo". Kosice ha tenido grandes exposiciones en los museos más importantes de la Argentina, incluyendo una retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes. Sin embargo, hoy, a los 88 años, continúa pensando en el futuro. Su objetivo actual es dar a conocer su trabajo en el Centro Pompidou de París. ¿Por qué? "Quiero volver a París para ver a viejos amigos, y para obtener nuevas críticas de mi trabajo", responde.

El taller de Kosice funciona como un museo privado. Situado no lejos del centro de Buenos Aires, en el barrio de Almagro, los días viernes está abierto al público. A los visitantes se les pide programar las citas con anticipación, pero no hay ningún cargo. (Realicé una visita por su taller guiada por el nieto del artista, Max Pérez Fallik, que enseña sociología en la Universidad de Buenos Aires y habla inglés con fluidez. ¿Qué es lo que Max obtiene de las visitas guiadas? "El placer de ver las reacciones de los visitantes frente al arte"). Una visita al museo de Kosice es altamente recomendable. Es un hermoso y fascinante registro del viaje imaginativo e innovador de un artista conceptual a través del mundo del arte de las últimas siete décadas, que continúa al día hoy.