El Cine Imperdible: 16/07/2012

PROGRAMA CULTURAL UCEMA - SANTA CATALINA.

Auditorio UCEMA. Reconquista 775, Ciudad de Buenos Aires, 19 h.
Entrada gratuita.

CUENTOS Y FÁBULAS de Lotte Reiniger



1921-1961 / Alemania.
Selección de cortos restaurados y digitalizados.

El minucioso trabajo realizado, cuadro a cuadro, por los animadores y el aliento vital que emana de su reproducción en movimiento evidencian como ninguna otra cosa en el mundo los misterios insondables que yacen bajo la superficie del cine. Lotte Reiniger ha sido una de esas hechiceras que supieron jugar con sombras sobre superficies luminosas, y sus gráciles creaciones hechas a base de recortes en tijera sobre cartulina negra puestas al servicio de fábulas y relatos infantiles perpetúan esos misterios a través de sus primitivos movimientos.

Nacida el último año del siglo XIX, en el entonces llamado Imperio Alemán, Charlotte Reiniger asistió con quince años de edad a una conferencia pública brindada por el cineasta germano Paul Wegener, director de El Golem (1920), que contribuyó enormemente a incrementar su interés por los relatos fantásticos y el cine de animación. La joven se incorporó inmediatamente a la compañía teatral de Max Reinhardt, a la cual pertenecía el mencionado director, donde logró llamar la atención de sus colegas, llevando a cabo el recorte en cartulina negra (la materia prima de sus sueños) de las siluetas de sus compañeros. Impresionado por los resultados, Wegener le brindó a la talentosa y precoz artista la posibilidad de trabajar en el diseño de los intertítulos de sus películas posteriores. Estas primeras incursiones en el ámbito profesional del cine y su ingreso en un prestigioso estudio de animación experimental no sólo la afianzaron en sus talentos, sino que además le permitieron conocer a quien sería su colaborador y compañero sentimental de toda la vida, el productor y camarógrafo Carl Koch. Reiniger no demoró mucho en concretar sus primeras creaciones, las cuales incluyeron avisos publicitarios para la agencia Julius Pinschewer (notablemente El secreto de la marquesina, hecha en 1922, una maravilla de dos minutos y medio de duración realizada para la marca de jabones de tocador Nivea, una prueba del fértil campo de creatividad que puede llegar a ser la publicidad puesta en manos de grandes artistas al servicio de la imaginación) y una conocida intervención en una secuencia onírica en la primera parte de Los Nibelungos (1924), de Fritz Lang. En todos estos trabajos, la joven exploró a fondo las posibilidades plásticas y expresivas de las siluetas hechas a base de recortes sobre cartulina negra. En el transcurso de unos pocos años, la realizadora ya formaba parte del selecto grupo de creativos vanguardistas de los años de la República de Weimar, entre los que figuraban artistas como Oskar Fischinger, Hans Richter y Walter Ruttmann (su futuro colaborador en el diseño de fondos), pero, por sobre todas las cosas, la joven animadora ya se destacaba como una artista dueña de un estilo inconfundible y propio, en medio de un contexto sumamente fructífero e inspirado como lo fuera el de la Alemania de aquellos años.

El advenimiento del nazismo en Alemania tocó muy de cerca a la realizadora, la cual mantenía junto a su marido un marcado interés por la política y una notoria afinidad por las ideas de izquierda de su tiempo. Luego de algunos intentos frustrados por asentarse en Londres, París y Roma, Reiniger y Koch debieron regresar a Alemania y afrontar las vicisitudes de la Segunda Guerra Mundial en su país de origen, aunque en este agitado periodo lograron llevar a cabo una docena de cortometrajes, de algunos de los cuales aún se preservan copias y que pueden verse en muy buenas condiciones por You Tube o en el canal del British Film Institute (BFI) en Dailymotion (como, por ejemplo, Papageno, de 1935, encantador trabajo en blanco y negro basado en un episodio de la opera La flauta mágica, de Wolfgang A. Mozart).

Reiniger logró asentarse junto a su marido en Londres a partir del año 1949 y, si bien colaboró asiduamente en campañas de beneficencia y avisos publicitarios, nunca más logró trascender profesionalmente a través de sus cortometrajes animados. Sin renunciar jamás al uso de siluetas hechas en cartulina e incorporando la narración en off y el color a sus filmes, los trabajos más modernos de la realizadora ya no lograron ejercer la fascinación ni despertar el interés de los primeros tiempos en los espectadores, los cuales seguramente encontraron sus creaciones algo anacrónicas y rústicas, opacadas frente a los enormes avances técnicos y expresivos alcanzados por las animaciones de Disney y la Warner Bros.

La realizadora tuvo una existencia larga en compañía de su marido y sus vidas se vieron interrumpidas en edades muy avanzadas. La cineasta no dudó en revelar varios de los secretos sobre su técnica en diversas entrevistas que ofreció en su tiempo, lo que permite pensarla también como una artista generosa y predispuesta a compartir sus conocimientos.
Pablo Castriota

Puntito y Anton

Nueva versión actualizada de una novela de Erich Kästner. Anton (10) crece sin padre. Cuando la madre se enferma, él hace su trabajo. Annaluise es hija de padres ricos. Pero sus padres no tienen tiempo para ella. El chico y la chica intentan juntar dinero para una cura de reconvalescencia para la ... Leer más

Nueva versión actualizada de una novela de Erich Kästner. Anton (10 años) crece sin padre. Cuando la madre se enferma, él hace su trabajo. Annaluise (Puntito) es hija de padres ricos. Pero sus padres no tienen tiempo para ella. El chico y la chica intentan juntar dinero para una cura de reconvalescencia para la madre de Anton. Al final salen todos juntos de viaje para pasar unas felices vacaciones.

Biofilmografía de Caroline Link

Estudió en la Academia de Cine y Televisión de Munich (HFF) y en seguida empezó a trabajar como guionista y ayudante de dirección. Sus primeros trabajos incluyen cortos como Bunte Blumen (1988). Co-dirigió el documental Das Glück zum Anfassen (1989).

Su ópera prima, Más allá del silencio (1996) ya recibió una nominación al Oscar a mejor película extranjera y atrajo la atención por su manera de dibujar una familia en que los padres son sordos. Su segundo largometraje fue Ana Luisa y Antón (1999), basada en una novela de Erich Kästner. Su tercer trabajo, En un lugar de África (2001), adaptación del libro de Stefanie Zweig y rodado en Kenya, recibió el Oscar a mejor película extranjera.