El Cine Imperdible: 07/11/2016

Fado, historia d'uma cantadeira


Portugal, 1947
Dirección: Perdigão Queiroga
Guión: Armando Vieira Pinto
Intérpretes: Amália Rodrigues (Ana Maria), Virgilio Teixeira (Júlio), Vasco Santana (Joaquim Marujo), António Silva (Chico Fadista), Tony D'Algy (Sousa Morais, el manager), Raul Carvalho (el embajador), Eugénio Salvador (Lingrinhas), Jose Vitor (Damião, el padre de Ana), Emilia Villas (Rosa, la madre de Ana), Alda de Aguiar (Senhora Augusta), Aida Queiroga “Nenita” (Luisinha).
Fotografía en blanco y negro.
Duración 110 minutos
Género: Melodrama

Sinopsis

Fado es un melodrama esencial. Amália es Ana Maria, una muchacha humilde del popular barrio lisboeta de Alfama aficionada al canto. Júlio, lutier y guitarrista, mantiene con ella un noviazgo de siempre y la alienta a que actúe en el club fadista que regenta el orondo Joaquim. En esta primera actuación la descubre Chico Fadista, un representante que la conducirá a los brazos de un importante empresario teatral. En el camino hacia el éxito, Ana Maria deja de lado a Júlio, que la atormenta con sus celos amorosos y profesionales, y abandona el barrio que la vio crecer.
Amália, dotada para el fado, es capaz de cantar cualquier cosa. Siempre músicas con alma en las que pierde la suya. Esta identificación de “lo portugués” con el fado, enfrentado a otros tipos de música, ya sea culta o extranjerizante, servía de apoteosis a otra comedia musical, O Costa do Castelo (El fresco de Costa, 1943).
Virgilio Teixeira llega al cine a través del deporte, como Erroll Flynn, Félix de Pomés o Johnny Weissmuller. Durante los años cuarenta lleva su carrera en paralelo en España y Portugal, protagonizando algunos de los más populares dramas históricos que Juan de Orduña factura para Cifesa. Parece que su relación con la diva no fue, al menos en principio, demasiado buena. Ambos recordaban como la mejor escena de toda la película aquella del ensayo en que Perdigão Queiroga les pidió que improvisaran. Hay allí verdaderamente un aliento de sinceridad que traspasa la pantalla.

Contexto

Los años 40 en Portugal fueron de lo más variado por lo que a producción cinematográfica se refiere. Surgió un tipo de película que hacía apología de los modos de vida más simples, incluso de la pobreza. Títulos como Un hombre hecho y derecho, de Jorge Brum do Canto, Ave migratoria y Sierra Brava, ambas de Armando Miranda, o Tres días sin Dios, esta última firmada por la actriz Bárbara Virginia, que reproducía en la pantalla, sin gran originalidad, un Portugal de costumbres sobrias, donde los cambios experimentados en Europa y en el mundo en general tras la II Guerra Mundial poco o nada se dejaban notar.
En 1947 se estrena Capas Negras, rodada casi íntegramente en la ciudad de Coimbra por Armando de Miranda, actor y director en constante actividad. Un año después se estrena Fado, historia d'uma cantradeira, firmada por Perdigão Queiroga (1916-1980). Ambas películas permanecieron durante varios meses en cartel, gracias también a la música inspirada de los compositores Federico Valério, Federico de Freitas o Raúl Ferrão, nombres de teatro que llevaron su conocimiento a un cine formalmente poco innovador pero eficaz para atraer al público.

El director

Perdigão Queiroga (Évora, 1916 - Alcoentre, 1980) estudió técnica cinematográfica, especializándose en fotografía y montaje.
Entre 1936 e 1943 comenzó a trabajar como asistente en diversas producciones. En 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, viajó a los Estados Unidos, donde se vinculó con los estudios Paramount. Regresó a Portugal en 1946, una época fuerte del "Estado Novo" (la larga dictadura de Salazar), comenzando a preparar lo que sería el gran éxito del cine portugués de entonces: Fado, História de uma cantadeira (1947), protagonizado por Amália Rodrigues. Cultivó el melodrama, produjo numerosos documentales, casi siempre como apología del régimen. Una apología de los valores simples de la vida popular y tradicional.