El Cine Imperdible: 03/09/2012

PROGRAMA CULTURAL UCEMA - SANTA CATALINA.

Auditorio UCEMA. Reconquista 775, Ciudad de Buenos Aires, 19 h.
Entrada gratuita.

EL GABINETA DEL DOCTOR CALIGARI

CIENCIA FICCIÓN
ALEMANIA / 1919

Duración: 52 minutos.
Dirección: Robert Wiene.
Protagonistas: Werner Krauss (doctor Caligari), Conrad Veidt (Cesare), Friedrich Fehér (Francis), Lil Dagover (Jane), Hans Heinrich von Twardowski (Alan).

ARGUMENTO

El desquiciado Dr. Caligari y su fiel sonámbulo Cesare están vinculados con una serie de asesinatos en un pueblo de montaña alemán: Holstenwall. La mayor parte del argumento es presentado como un flashback. El narrador, Francis, y su amigo Alan visitan un carnaval en el pueblo donde ven al Dr. Caligari y al sonámbulo Cesare, a quien el doctor presenta como una atracción. Caligari se ufana de que Cesare puede contestar cualquier pregunta si es cuestionado. Cuando Alan le pregunta a Cesare cuánto tiempo le queda de vida, Cesare le responde que morirá antes del amanecer del día siguiente, una profecía que se cumple. Francis, junto con su novia Jane, investigan a Caligari y a Cesare, lo que resulta finalmente en el secuestro de Jane por parte de Cesare. Caligari ordena a Cesare matar a Jane, pero el esclavo hipnotizado se niega después de que su belleza lo cautiva. Entonces, lleva a Jane fuera de su casa, llevando a los pueblerinos a una larga persecución. Durante esta cacería, Cesare tiene una caída mortal y los pobladores descubren que Caligari ha creado un muñeco de Cesare para distraer a Francis.
Francis descubre que Caligari es en realidad el director del hospital psiquiátrico local y, con la ayuda de sus colegas, descubre que está obsesionado con la historia de un místico llamado Caligari, quien en 1703 en el norte de Italia usó a un sonámbulo llamado Césare para asesinar personas. Tras ser confrontado con el difunto Cesare, Caligari revela su manía y es encerrado en su propio asilo.

Una opinión

Del límite y del hombre

Tras la siguiente aseveración del psiquiatra Caligari —«¡Ahora averiguaré si es verdad que se puede obligar a un sonámbulo a cometer acciones que jamás consumaría estando despierto, de las que abominaría»— se intuye la sombra que padece el llamado científico-loco: la vanidad y la falta de escrúpulos cuando se interpone su ambición científica.

Desde la posición de la Filosofía de la Ciencia se ha debatido si debe existir un límite ético en el avance científico, pues la ciencia debe estar al servicio de los hombres y no al revés. Así, Eugenio Trías estudió esta idea del límite y del hombre al expresar lo difuminada que está esta línea y lo fácil que es sobrepasarla tanto a nivel metafísico, como físico o psíquico. Pero no sólo la filosofía se ha encargado de analizar y valorar las demarcaciones morales de la ciencia, también la historia de la literatura fantástica y de ciencia ficción ha metaforizado los peligros que conlleva sobrepasarlas: en Frankenstein se analizan los peligros de traspasar el límite humano de la creación, en Fausto la finitud de la vida humana y en El retrato de Dorian Grey la eterna juventud. El Dr. Caligari, como el Dr. Jeckyll y el Dr. Mabuse, sobrepasan el límite de la ética científica asociado al tema del doble. Pero, si bien en la obra de Stevenson el Dr. Jeckyll se oculta bajo la doble personalidad de Hyde para expresar sus más bajos instintos, tanto el Dr. Mabuse como el Dr. Caligari utilizan a otros para acometer sus intereses, como se hará más tarde en Saw (donde el asesino mata a través de sus víctimas, que a la vez son verdugos). Se muestra, pues, el doble en todas sus vertientes: la oposición entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, la normalidad y la anormalidad, el orden y el caos, la razón y la locura; y como esos dos polos aparentemente opuestos están más cerca de lo que creemos, separados por un linde cada vez más difuso.

A través de su decorado cubista creado totalmente en estudio —que se debió en un principio a una confusión, pero que al final le confirió un espectro de distorsión al relato que nos facilita sumergirnos más aún en su ambiente de paranoia, exageración, abstracción y ambigüedad tan propias del expresionismo—, su juego de sombras (heredero del teatro de Reinhardt), y la sobreactuación que denotan sus protagonistas (que exageran el ambiente tétrico en el que se desarrolla), se percibe el significado oculto de esta obra maestra del expresionismo. Así, el historiador Kracauer proclamó, en De Caligari a Hitler. Una historia psicológica del cine alemán (1947), que «Caligari representa la autoridad ilimitada que viola los derechos humanos por satisfacer su ansia de dominación», es decir, estamos ante un alegato alegórico contra el autoritarismo alemán de entreguerras.

Robert Wiene hizo, por tanto, uso de la estética del expresionismo para mostrar una sensación claustrofóbica al revelar los miedos humanos frente a la autoridad (y la pérdida de la individualidad que ésta conlleva), y el efecto que el abuso de la ciencia puede acarrear en los seres humanos. Porque, si bien cierto afán es necesario para conseguir objetivos, no es menos cierto que debemos poner un tope a nuestra ambición (sea del tipo que sea), y que ésta, de difícil delimitación, colinda con la propia razón y moral humana.

Arantxa Bolaños de Miguel (miradas de cine, octubre 2011)