| El canje
impagable
El megacanje de deuda cuenta con tres grandes protagonistas, que tienen
en común un destino incierto. En primer lugar, están los
tenedores de bonos elegibles que acepten trocarlos por otros nuevos, de
vencimiento más lejano en el tiempo. El anzuelo habrá sido
para ellos alzarse con un papel nuevo que les promete rendir tasas muy
altas, que quizá lleguen al 14 o al 15 por ciento anual, por muchos
años. Obviamente, si a la Argentina le fuere medianamente bien,
en el futuro ningún inversor hallaría forma de ganar tanto
dinero por financiar a su gobierno. El riesgo implícito es que al
país le vaya mal y no pague, lo cual no difiere de la situación
actual.
Otros tenedores, de visión más agorera respecto de la
Argentina, desdeñarán el convite, reteniendo los bonos viejos,
de vencimiento más corto. Estos papeles automáticamente correrán
menos peligro de quedar impagos porque el Tesoro habrá diferido
con el canje otras obligaciones. Si el país deja atrás su
crisis actual, quienes se rehúsen al canje habrán perdido
la oportunidad de seguir embolsando altísimos rendimientos. Pero,
en realidad, de haberlo creído conveniente, podrían haber
vendido títulos cortos y comprado largos, sin esperar al canje.
Por eso, para convencerlos, el canje les ofrece un premio, que representa
un costo adicional para el país. La cuestión, en el fondo,
es si la permuta de papeles mejora o no las perspectivas nacionales en
el futuro más distante. En el tercer papel protagónico, caracterizando
al deudor crónico, actúa el país, que se abrazó
a la propuesta del megacanje –planteada por el condecorado David Mulford–
como tabla de salvación en el corto plazo para no caer en la cesación
de pagos. Sin embargo, a la larga puede equivaler a un salvavidas de plomo
porque cuesta imaginar cómo hará la Argentina para soportar
semejantes costos financieros durante tantos años. Ayer, incluso
después de varios días de repliegue especulativo en el riesgo
país, la realidad del mercado era la siguiente. El bono argentino
Global 30 rendía una sobretasa del 8,60 por ciento, por encima del
5,70 por ciento del equivalente norteamericano. Total: 14,30 por ciento
anual. Otro ejemplo. El Global 12 argentino se cotizaba con un spread de
10,45 por ciento por arriba del 5,40 por ciento del papel estadounidense
similar. Total: 15,95. Convencido de que con este canje la Argentina está
asumiendo una hipoteca impagable, Ricardo Schefer, economista del CEMA,
propuso como alternativa ofrecer en canje por la deuda vieja un nuevo bono
que esté indexado por la recaudación impositiva. Si ésta
creciese fuertemente, el bono pagaría una tasa proporcionalmente
alta, de equis puntos por encima de la Libor. En el extremo opuesto, si
la recaudación cayera respecto de la actual, el título rendiría
por debajo de la Libor.
¿Por qué aceptaría un acreedor esta propuesta?
Para Schefer, con el megacanje tal cual está planteado, lo mejor
que podría pasarle a un tenedor de bonos sería ganar un fantástico
14 o 15 por ciento, pero eso en caso de llegar a cobrar. Dado que esa tasa
es impagable para el país, lo más probable es que el tenedor
pierda una parte de su capital. El título propuesto se parecería
a una acción, cuyo rendimiento depende del éxito o fracaso
de la empresa emisora. De este modo, la Argentina se comprometería
a pagar una tasa elevada siempre y cuando estuviera en condiciones de pagarla.
Con ello, la probabilidad de un default resultaría mucho menor.
Obviamente, el acreedor no tiene control alguno sobre la recaudación
impositiva argentina, salvo la presión que pueda ejercer en su nombre
el Fondo Monetario. Pero no es una situación diferente de la actual.
Al fin de cuentas, la probabilidad que tiene el acreedor de cobrar depende
de cómo evolucione el Producto Bruto, porque al crecer la economía,
la recaudación aumenta automáticamente. Un inversor que piense
que el país no va a crecer, no comprará éste ni ningún
otro título argentino. “Mi idea –explica Schefer– equivale a lanzar
acciones de Argentina SA. Y ninguna empresa promete pagar dividendos en
todos los ejercicios, gane o pierda plata. Si al país le fuese mal,
pagaría tasas muy bajas. Pero, en esecaso, aunque se hubiese comprometido
a pagar tasas elevadísimas, no podría cumplir.”
Si bien no existen hasta el momento títulos públicos
de esta naturaleza, sí los hay privados, pero en mercados de capitales
mucho más desarrollados. Se trata de los llamados bonos convertibles,
que llevan adherida una opción de compra de acciones. El tenedor
del bono tiene el derecho de canjearlo por acciones a un precio fijo. Por
lógica, le convendrá hacerlo si la cotización de esas
acciones sube por encima del precio señalado. Si eso no ocurre,
retendrá el título y cobrará el rendimiento previsto,
que siempre será inferior al que la empresa debería haber
afrontado por financiarse en los bancos. Los bonos indexados por la recaudación
son una adaptación de este modelo.
Esta idea, que obviamente no se parece a la que se pondrá en
práctica en las próximas semanas, tiene la pretensión
de tratar al tenedor de títulos como un socio en las buenas y en
las malas. Pero, por ahora, la realidad es que la experiencia acumulada
por los acreedores les indica que ellos pueden ganar, independientemente
de la suerte que corra el país, siempre que no se asusten y liquiden
sus papeles en las caídas. Tarde o temprano sobreviene un paquete
multilateral de rescate que protege sus intereses, o un canje como éste,
que les permite maquillar los balances, sin anotar en ellos la pérdida
de capital devengada, y además les brinda un premio.
Para Cavallo y la Alianza, el canje es una manera de ganar tiempo,
aunque sea a costa de ennegrecer el futuro, que no necesitaba de esa mano.
La Argentina se obliga a sostener duras políticas de ajuste fiscal
para generar el ahorro público que exigirán los servicios
de la deuda, y por supuesto a renunciar más que nunca a una devaluación,
que elevaría el peso ya inaguantable de ese pasivo. La incógnita
sigue depositada en la capacidad de retomar el crecimiento y aumentar las
exportaciones para que la deuda, en comparación, se encoja. Si el
provisorio respiro del canje abrirá una oportunidad suficiente para
relanzar la economía a la velocidad necesaria, es la pregunta que
espera respuesta. |