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"Los hombres vulgares - dice Ortega - estan siempre satisfechos de sí mismos. Dan por buenos sus gustos, preferencias y opiniones, sin reflexionar demasiado. Por el contrario, los hombres excelentes viven exigiéndose.
Confesemos ya mismo que el más ligero examen visual bastaba para advertir que los atorrantes del barrio de Flores no eran criaturas de selección. Sin embargo, un toque de nobleza había tal vez en el fondo de sus almas obtusas. También ellos, sin sospechar siquiera a Ortega, rechazaban lo fácil. A pesar de que los cronistas serios se niegan a admitirlo, es indudable que existió en Flores la Sociedad de los Trabajos difíciles..." Alejandro Dolina
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