La Gaceta de Tucuman, domingo 27 de Agosto de 2006

Economía

               

 

COLUMNISTA INVITADO

 

¿Es alto el tipo de cambio?

 

Por Ricardo Schefer (economista y profesor de la UCEMA).

 

Si nos atenemos a las estadísticas, comparado con la década del 90, el valor internacional del peso hoy es bajo. Si hacemos encuestas caseras entre círculos de amigos la respuesta general es que sí, el tipo de cambio es alto. Si atendemos a las declaraciones de algunos ministros del Poder Ejecutivo tomamos nota de que el tipo de cambio alto es una política de Estado. Si caminamos la calle notamos una inédita presencia masiva de turistas extranjeros. También oímos hablar que, en general, las exportaciones son más altas, aún con los impuestos llamados retenciones, en tanto que veremos que desapareció la gran oferta de bienes de consumo importados de años atrás. Y con frecuencia nos enteramos de actividades productivas que han resurgido como consecuencia de la depreciación cambiaria. Por último, ya no se nota como antes la llegada masiva de trabajadores de países vecinos para ganar salarios mayores que en su tierra.

 

Si le hacemos esta pregunta a economistas la gran mayoría confirmará, a gusto o a disgusto, según su postura, que el tipo de cambio real es alto. Hasta hace poco muchos especialistas nos recordaban a diario que si no fuera por la intervención cotidiana del Banco Central, comprando, el precio del dólar se caería. Y además de estas opiniones, a los viajeros venidos del exterior, especialmente de Europa, les sobran las anécdotas de lo absurdo de los precios de allá.

 

¿Es todo lo anterior una verdad fundamental incontrastable, o padecemos una ausencia de memoria larga? Si nos atenemos a la frías estadísticas de la memoria corta, comparando con la década de los noventa, resulta obvio que hoy el valor internacional del peso es bajo. Pero si extendemos la comparación a otras décadas, hasta hace 40 años atrás, nos encontraremos con algunas sorpresas. El valor mínimo se registró en la época de la “tablita cambiaria” de fines de los 70 y equivale a lo que sería hoy 94 centavos por dólar. El máximo se anotó en la hiperinflación del '89 con un equivalente a pesos 16,80. El “uno a uno” de la convertibilidad equivale a 1,44 pesos de hoy, pero la década de los 80 nos presenta un promedio de 4,05 pesos por dolar. Los últimos años de la década de los sesenta, con un "plan de estabilización" e inflación baja, muestra un tipo de cambio de 2,80. En pesos de hoy, el tipo de cambio libre promedio desde 1967 fue de 2,89 pesos por dólar.

 

¿ Y entonces? ¿Qué conviene? Muchos dicen que el tipo real de cambio alto en nuestra historia no es otra cosa que el reflejo de la desconfianza, el miedo, el instinto de preservación, manifestado en la fuga de capitales. Otros nos hacen notar que épocas de tipo de cambio real alto coinciden con salarios reales bajos, y que por tanto ello va en contra de los intereses de los trabajadores. Pero en la vereda de enfrente, tenemos manifestaciones enfáticas de empresarios de todos los tamaños, y de sus trabajadores desplazados, que las políticas de tipo de cambio real bajo los borraron literalmente del mapa productivo. En los últimos años la depreciación del peso coincidió con un aumento del empleo. Ciertamente no es viable una nación o una provincia con tasas de desempleo del 20%.

 

Como no sucede en otras disciplinas, en este caso quizá la verdad está un poco en todas estas posturas. Así también como que las estadísticas presentadas aquí no son del todo representativas, no porque no sean veraces, sino porque en economía las comparaciones históricas ausentes de la referencia del medio ambiente pierden un poco su valor. Por ejemplo, es verdad que en general un tipo de cambio alto coincide con salarios más bajos.

 

Pero esto es una verdad a medias si no se aclara que en general salarios altos coincidieron con una menor tasa de empleo. En esta columna (16/1/2003) me atreví a manifestar que “el tipo de cambio no debe ser tan alto que induzca a la emigración, ni tan bajo que induzca a la inmigración”. Sin embargo tampoco es conveniente quedarse con, visto en perspectiva, esta postura tan defensiva. Aún con salarios altos, muchas naciones exhiben tasas de empleo envidiables. ¿Qué es lo que hacen esos países para lograr semejante posición? Muchas cosas, desde lo político a la equidad; pero en lo que atañe a los logros de bienestar económico hay dos elementos que están presentes en todas esas sociedades: un acceso irrestricto a la educación y, en consecuencia, una tecnología en constante progreso. (Especial para LA GACETA)