Ambito Financiero, 13
de agosto de 2009
El economista Ricardo Schefer no
vislumbra una importante licuación de las enormes deudas
públicas emitidas por la crisis financiera y pese a la
fuerte recuperación de Wall Street redobla la apuesta en las
acciones. El profesor del CEMA recomienda las acciones de altos
dividendos, principalmente de servicios públicos, del sector
electricidad.
Periodista: El rescate de la crisis
financiera y la recesión se reflejará en un sustancial
aumento de la deuda pública de las principales economías.
¿Cuál será su impacto?
Ricardo Schefer: Según el FMI, el
déficit fiscal de este año para los países del
G-20 será equivalente al 10,2% de sus PBI, el más alto
desde la Segunda Guerra. Las palmas se las llevan EE.UU. con un 13,5%
del PBI, el Reino Unido con el 11,6% y Japón con un 10,3%. Pero
esto no termina aquí. Las proyecciones del FMI para dentro de
cinco años resultan en una relación deuda
pública/PBI del 240% en Japón, un 132% en Italia, un 112%
en EE.UU. y el 100% en el Reino Unido. Si bien es cierto que el costo
del endeudamiento de estas naciones es actualmente muy bajo debido a la
estampida desde el mercado de acciones al de bonos luego del
«crash», esta monumental emisión de deuda durante
los próximos años genera el riesgo de un aumento en las
tasas de interés de los bonos.
P.: Sin embargo, algunos países
europeos y Japón han convivido con altos niveles de deuda/PBI
durante mucho tiempo sin padecer un castigo importante en las tasas de
interés.
R.S.: Sí, pero en esta
oportunidad varios de estos países importantes saldrán a
pedir prestado en mucha cantidad y al mismo tiempo, siendo que los
abastecedores de fondos como Japón, China y los exportadores de
petróleo están padeciendo el derretimiento de sus
superávits de comercio exterior. Habrá nuevos compradores
de bonos que reemplacen este eventual achique, como los residentes de
EE.UU. y Europa cuyo ahorro está aumentando rápidamente
desde la crisis financiera. Pero la pregunta de si esto
alcanzará a compensar queda con respuesta condicional.
P.: Sin duda frente a este escenario la
tentación de licuar la deuda es grande.
R.S.: Un 4% anual de inflación
haría maravillas en la relación deuda/PBI a lo largo de
cinco años. La mala noticia es que tal cosa no es sencilla de
lograr, amén de que puede seguramente resultar muy mal si el
mercado exige compensación con mayor prima de riesgo. Por un
lado, si bien la base monetaria en los EE.UU. aumentó al doble,
casi todo el incremento quedó atrapado en los bancos que se lo
recolocan al banco central (la Fed) al 0,25% overnight y sin riesgo.
Por otra parte, muchos analistas coinciden en señalar que con el
sector industrial trabajando al 65% de la capacidad instalada subir
precios no resultará sencillo. Sin embargo, es sorprendente
constatar que mientras los analistas hablan de deflación, el
índice de precios al consumidor en EE.UU. aumentó un 2,5%
desde diciembre, para alegría de los tenedores de bonos
indexados (TIP). Pero para el futuro la pregunta de inflación o
no, queda abierta. La expectativa del mercado, interpretada a
través de la cotización de los bonos del Tesoro
(«breakeven inflation rate»), es un 1,5% de
inflación en los próximos cinco años.
P.: ¿Cuál sería la
asignación de cartera más adecuada?
R.S.: En el contexto del reciente
«run up» (alza) del mercado de acciones, de las pobres
cifras de ganancias actuales y proyectadas, y de la caída de
ventas, es difícil argumentar un caso sólido en favor de
las carteras de acciones. Sin embargo, hay que resaltar que por primera
vez en mucho tiempo el rendimiento de dividendos de las acciones supera
a la tasa de los bonos indexados a 10 años. Esto significa que
aunque las acciones no suban de precio en los próximos 10
años su rentabilidad superará a la de los bonos
sólo con el pago de dividendos. Cierto es que los dividendos
caerán algo más en el resto del año, pero mucho
menos que las ganancias.
Jorge G. Herrera