Ambito Financiero   Viernes 3 de Agosto de 2007   

Más dudas: fondos quebrados se expanden a Europa y Asia

Por: Ricardo Schefer

Después de acumular ganancias de 9,3% en dólares desde diciembre de 2006 y de 111% desde setiembre de 2002, las acciones de los mercados desarrollados cedieron 3%, de forma aguda en los últimos días de julio. Al principio de la súbita caída, las interpretaciones de los analistas fueron las usuales en estos casos: que se redujo el «apetito por el riesgo», que el mercado de acciones mostraba alegre exuberancia, y que los consumidores de EE.UU. dejarían de comprar bienes. Pero lo que coincidió con la caída fue la súbita e inesperada dificultad de los bancos de inversión para seguir procurándoles a sus clientes el fácil financiamiento para concretar las compras de empresas que se venían realizando semanalmente por montos multimillonarios. Es que se había secado el mercado por las pérdidas que día a día fueron sumando nombres, por sus tenencias de bonos hipotecarios de menor calidad.

El problema es principalmente con los bonos respaldados por hipotecas llamadas ARMs, de tasa de interés ajustable, que se otorgaron en la época de tasas de 1% en 2003 y 2004 de la última era Greenspan, y para colmo por montos que en muchos casos superaban el valor de las propiedades. El siguiente continuo aumento de tasas de interés hasta el actual nivel de más de 5% no sólo aumentó considerablemente el valor de las cuotas ajustables, sino que desinfló el valor de las propiedades.

Como consecuencia, muchos hedge funds y prestamistas hipotecarios, que compraron los tramos más riesgosos de estos bonos, se encuentran con carteras cuyo valor simplemente se esfumó.

La volatilidad actual de los mercados está originada por la falta de cifras ciertas sobre la magnitud del total de las pérdidas y de los nombres de los bancos y fondos involucrados. Bernanke, como presidente del banco central estadounidense, públicamente salió a dar una estimación de 100.000 millones de dólares, número que él y la mayor partede los analistas coinciden en que no es una cifra importante en relación con el valor del mercado de acciones y bonos. Sin embargo, a medida que hora a hora se van sumando más nombres a la lista de fondos quebrados, la incertidumbre y el nerviosismo aumentan, en especial cuando hoy aflora que el problema no sólo afecta a los EE.UU., sino que se expande a fondos hipotecarios en Europa y Asia.

  • Pregunta relevante

    ¿Por qué altera esto tanto al mercado de acciones? La pregunta es relevante, especialmente tomando en cuenta que las ganancias empresarias vienen subiendo fuertemente en el contexto del actual crecimiento mundial casi sin precedentes.

    En primer lugar porque un importante componente de los índices de acciones de los mercados desarrollados es el sector financiero, que es propietario de divisiones de préstamos hipotecarios y frecuentemente receptor de los fondos de los hedge funds.

    En segundo lugar, porque no pocos analistas atribuyen la gran suba de las acciones a las compras de empresas financiadas con deuda. Según esta interpretación, si el mercado de deuda se seca, los precios caerán.

    En tercer lugar, porque en la economía de EE.UU. se prolongaría la recesión en el destacado sector de la construcción residencial, que tiene un efecto multiplicador en las ventas de bienes de consumo durable y propaga los efectos al consumo total. En tanto, el dinero fluye en un «flight to quality» a los bonos soberanos, aumentando su valor y reduciendo su rendimiento a niveles de 4,78% para los bonos del Tesoro a 10 años.

    Para los bonos soberanos emergentes, el cuadro es diferente: no se los considera «quality», pero el hecho de que los fundamentos de la mayoría de los emergentes haya mejorado sustancialmente en los últimos años, en performance fiscal, balanza comercial, inflación, crecimiento y calificación hace que las bajas no sean tan pronunciadas como lo hubieran sido unos 10 años atrás.

    El escenario para las acciones internacionales es incierto en tanto se vayan desarrollando las noticias que confirmen o desmientan los peores temores sobre la gravedad del problema de las pérdidas hipotecarias. Por tanto, es muy probable que a medida que los hechos confirmen ser peores o mejores que lo sospechado por los analistas habrá fuerte volatilidad.

    Durante el duro proceso quizá resulte tranquilizador que las valuaciones actuales de las acciones son históricamente más que razonables en función de las ganancias y las tasas de interés: las relaciones precio-utilidad (price earnings) son actualmente de 15,5 para los mercados desarrollados y de 13,6 para los emergentes, muy por debajo de la burbuja del 2000.

    Pero lo que hoy está en duda son justamente las futuras ganancias.