Running, las dos caras de la moneda

Hoy Edgardo Zablotsky, Vicerrector de la Universidad, y José P. Dapena, Director del Departamento de Finanzas, nos sacan a correr para que conozcamos lo qué significa para ellos.

Edgardo Zablotsky

EdgardoSi yo corro cualquiera puede correr, de eso no hay duda. A principios de 2006 el médico me intimó a realizar actividad física. Mi lamentable estado, producto de 47 años de sedentarismo, me pasaba factura. Era razonable, mi único contacto con el deporte hasta ese entonces había consistido en el esfuerzo que requería tomar una pieza en un tablero de ajedrez.

Personal trainer mediante, comencé a enfrentar la desagradable experiencia de realizar actividad física. Debo confesar que no fue tan malo como lo esperaba y, tiempo después, hasta le empecé a sentir el gusto. A los pocos meses ya corría sólo, francamente muy poco y muy lento, pero las endorfinas comenzaban a hacer su trabajo.

Hacia fin de año me animé a anotarme en mi primera carrera y logré llegar a la meta, 3 km habían quedado atrás. De allí en más, como Forrest Gump, nunca más paré. Carreras de 6 km, 10 km, la inolvidable carrera de Adidas de 15 km en 2007, mi primera Media Maratón de Buenos Aires en el mismo año y en enero de 2008 mi primera Maratón en Estados Unidos.

Qué se le va a hacer, correr es una adicción, duele todo, pero uno siempre quiere más. En enero de 2014, junto a otros muchos delirantes, participé de la carrera “Goofy” en la World Disney World Marathon. Fueron 21 km el segundo sábado del año y 42 km al día siguiente. ¿Locura? Sí, pero divertida.

En enero de 2016 volví a Orlando en busca de más endorfinas. La carrera: 5 km el jueves 7, 10 km el viernes 8, 21 km el sábado 9 y 42 km el domingo 10. ¿Masoquismo? Vaya uno a saber, pero no hay nada como el haber corrido esa última milla viendo la meta a la distancia.

De ajedrecista a maratonista, un camino medio raro pero fascinante.

José Dapena

Dapena

Corro porque siempre practiqué deportes, me gusta, me ayuda a pensar y me permite asentar y clarificar pensamientos. Si tuviese que sintetizar los principales beneficios, los mismos provienen de una sensación de bienestar, un adecuado equilibro entre el desgaste físico y el desgaste mental, y la posibilidad de meditar. Puede sonar raro, ya que muchas personas prefieren para meditar un espacio de tranquilidad y aislamiento, y luego de cierto período su mente comienza a fluir. En mi caso me he dado cuenta que obtengo las mismas sensaciones cuando estoy corriendo, donde los primeros veinte minutos son un poco alborotados, pero luego de pasada la media hora los pensamientos comienzan a fluir, a sedimentarse y permiten una visión más clara de lo que me ocupa y preocupa. Muchas ideas de trabajos de investigación y el ordenamiento de su estructura me han surgido de practicar esta rutina, como así también ha sido y es un espacio fértil para pensar innovaciones y cómo llevarlas adelante. No obstante, hay momentos en que sinceramente no tuve ganas de cambiarme y correr, lo que sucede tambien con el cansancio en las carreras de montaña de varios días.

En esos casos me he dado cuenta que la mejor estrategia es ir paso por paso, primero cambiarme, luego salir, comenzar a un ritmo lento y, casi sin notarlo, estar en moviemiento.