¿Compro ahora o espero?

Perfil. 29 de julio de 2017.

Hay un fuerte componente político por temor ante las elecciones, y la gente prefiere estar segura con sus dólares.

El tipo de cambio es muy importante en cualquier economía y aún más en Argentina, porque nuestros pesos no sirven como reserva de valor por la inflación. En todo el mundo el dólar se usa para exportar e importar. Aquí le agregamos la “responsabilidad” de resguardar los ahorros, la inflación, y permitir hacer contratos que tengan larga duración. Para que nuestra moneda pueda recuperar estas funciones, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) está intentando que la tasa de interés en pesos sea lo suficientemente alta como para compensar la inflación, es decir, positiva en términos reales. Es un objetivo muy loable, pero casi imposible que se logre en los próximos meses.

Aun cuando la inflación baje rápido, la demanda de pesos –en lugar de dólares– difícilmente crezca de aquí a fin de año. Eso llevaría a que los dólares aumenten su valor continuamente, aunque sea levemente.

A su vez, y en un movimiento contrario que empuja el dólar hacia abajo, hay un aumento de la oferta de dólares: hay más dólares en la economía por el blanqueo y por el endeudamiento público y privado. En la primera mitad de 2017 estos efectos fueron muy fuertes, pero parecen ya estar más acotados. Asimismo, si las exportaciones fueran mayores que las importaciones, también entrarían más dólares. Debemos entonces estimar cuál será el saldo de la balanza comercial (muy bajo o negativo en los últimos meses) y cuánto aumentará el endeudamiento. Si de pronto nadie vendiera nada en el exterior, el dólar subiría rápidamente.

De este juego de fuerzas contrapuestas surge el valor del dólar, y lo que es bueno para algún objetivo no lo es tanto para otro. Por ejemplo, menos endeudamiento (algo bueno) lleva a que el dólar suba (bueno para exportadores y malo para deudores). Esto implica que el dólar siempre se va a mover, según como se muevan esas variables. Y se va a mover a los saltitos, no en forma gradual (otro día explico por qué).

El dólar afecta muchísimos precios de la economía. En otros países este efecto es notablemente menor porque las economías son mucho más abiertas y porque existen mecanismos para compensar estos aumentos. Si hubiera un gran aumento de importaciones habría gran demanda de dólares, lo que haría subir el dólar. Por ello, las importaciones serían muy caras y se reducirían.

Argentina es una economía muy cerrada, con lo cual no puede compensarse fácilmente el aumento del dólar. Dicho sea de paso, cada vez que se critica el ingreso de importaciones, también se está reconociendo que los precios internos son mucho más elevados. De lo contrario, nadie compraría algo importado.

Reconozcamos que hay un fuerte componente político por temor ante las elecciones, y que la gente prefiere estar segura con sus dólares. Pensemos que para que alguien tenga dólares tuvo que entregarle sus pesos a alguien. Y ese alguien ¿qué hace con los pesos? Es decir, en el sector privado lo único que cambia es quién tiene los dólares. Distinto es si el que compra o vende es el Estado, o si hay grandes ingresos/egresos por exportaciones e importaciones. Es decir, cuando hay movimientos “desde fuera” del sistema.

Antes de terminar de marear al lector, le resumo el argumento en dos palabras mágicas: oferta y demanda. Si hay gran oferta de dólares (por endeudamiento externo o por crecimiento de exportaciones) no subirá. Si son muchos los que quieren dólares, o hay temblores políticos, subirá de precio. Si hay un plan de gobierno claro y contundente que permita abrir la economía, no subirá.

Juzgue usted la probabilidad de estos efectos y actúe en consecuencia. Por mi lado, yo –siempre optimista– todavía no compro y espero.