Abogacía: opciones de reinvención para la carrera más elegida

Perfil. 12 de noviembre de 2017.

El contexto global implica nuevos desafíos para el mundo del derecho. La importancia de la actualización constante acompañada de la tecnología.

Un abogado en los tiempos que vivimos no puede quedar limitado en llegar al título de grado, algún posgrado, un trabajo con una interesante remuneración y desinteresarse acerca de cómo evoluciona y hacia dónde va el mundo, qué está pasando, cómo se hace, qué piensan en otras regiones o lugares del planeta. La comodidad de los viejos formatos conocidos hoy ha quedado obsoleta.

La carrera de Abogacía sigue siendo la más elegida entre un set cada vez mayor de carreras de grado. Según los últimos informes de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación, concentra, al reunir instituciones públicas y privadas, casi el 10% de la demanda formativa universitaria en el país. Para hacer un comparado, las carreras de Gestión y Administración de empresas sólo llegan al 5% de la demanda. Si bien podemos decir que es una preparación tradicional, a la vez desde el punto de vista de sus actores y del rol del abogado es de pura vanguardia. En efecto, los avances científicos y tecnológicos, los descubrimientos y nuevas formas de relacionarnos, por mencionar algunos ejemplos, hacen redefinir roles del abogado y su práctica interdisciplinaria en miras al futuro.

La interdependencia del derecho con el campo de los negocios, las empresas, las finanzas, la tecnología e innovación, y el bagaje de conocimiento jurídico de características cada vez más internacionales, lleva a hacer fuerte hincapié en la importancia de incorporar saberes más allá de los tradicionales campos jurídicos para fortalecer nuevas competencias en los futuros abogados. Se debe dejar de lado la rigidez y estructura, para dar lugar a la flexibilidad y adaptación a un sistema de cambio constante, e interesarse por nuevas herramientas como es el caso, por citar un ejemplo, de la programación, de la mano de la llamada inteligencia artificial.

La existencia de un contexto internacional global ha sido uno de los grandes logros gestados en los últimos años del siglo pasado. Y éste nos ha mostrado sus ventajas y, al mismo tiempo, nos presentó nuevos desafíos. Hoy el avance tecnológico ocupa ese factor clave a considerar. También lo es la capacidad comunicacional, tanto en la resolución de problemas como en anticiparse a ellos. Así, la creatividad se torna valor fundamental en el perfil profesional de un abogado talentoso.

Nos encontramos frente a nuevos formatos laborales y habilidades a adquirir, como consecuencia de cambios de metodología y modelos, desde una mayor capacidad tecnológica a la inteligencia artificial. Se han acortado distancias, tiempos, el conocimiento y la información están ahí donde hoy hay internet, donde todos estamos conectados. En síntesis, la forma de adquirir dicho conocimiento y relacionarse mutó.

Reinventarse. El abogado debe profundizar un pensamiento crítico: cuestionarse, preguntarse y volver a pensar. En este sentido, el administrador de la big data que se necesita sigue siendo el profesional. No obstante, tiene que saber cómo optimizar su búsqueda de información, frente a la mayor disponibilidad de datos y documentos en el ejercicio de su carrera.

Si bien cada rama del derecho tiene sus necesidades y atractivos, el comercial es una de las más activas y dinámicas, y se recrea interdisciplinariamente y constantemente en cada nuevo contrato. La globalización, las uniones económicas en bloques, los acuerdos de comercio internacionales, las crisis financieras, las operaciones transnacionales, los incumplimientos contractuales de empresas o gobiernos, los litigios y las nuevas materias de litigios, junto a una posición de mucha variabilidad de presión regulatoria a una creciente regulación transnacional y colaborativa, hacen que la opinión y el asesoramiento del abogado hayan cobrado una relevancia que no tenían anteriormente.

Con el devenir de la desintermediación surgieron nuevas formas de contratos, modernas estructuras de capital, de financiamiento de las empresas y una redefinición de la arquitectura financiera internacional, entre otros ejemplos. La Argentina no está fuera de ese encuadre: normas bancarias, de seguros, de mercado de capitales, y la práctica comercial y financiera, convergen hacia modelos dinámicos y globales, diferentes a los del pasado.

Rol activo. El asesoramiento en los negocios en los tiempos venideros requiere de una visión internacional. El abogado corporativo siempre ha sido quien debió romper formatos y potenciar un entendimiento integral de los negocios, conocer el análisis financiero de la compañía, productos y operaciones financieras de carácter habitual, alternativas de inversión, control de riesgos, las normas en otras jurisdicciones e, incluso, aspectos de la organización empresarial para ser plasmados en contratos. Además, debe manejar normas recientes que aborden intereses en protección de la supervivencia, de compliance, ética y transparencia, entre otras.

Al momento de la consulta, al abogado lo sostienen la rigidez de las leyes, las teorías jurídicas, la jurisprudencia y la experiencia, que no es poco. Pero son datos ex post (históricos). Para el derecho de los negocios internacionales, de la empresa y de los mercados financieros, es necesario un criterio preventivo, práctico y ágil, que encierra una visión ex ante.

El rol del abogado debe dejar de ser visto con aversión o predisposición negativa: aquel generador de costos de transacción, aquel que no percibe la operatoria; el estructurado, el que no concibe ciertos instrumentos, aquel que es visto como un obstaculizador o un mal necesario. El rol del abogado a futuro se redefine por su actuación innovadora y creativa. Tiene que adicionar valor, y su intervención será valorada por el cliente. Es decir, el asesoramiento vale más de lo que cuesta. Esto requiere tomar una nueva perspectiva orientada a propender a la creación de ese valor. La imagen es de una inversión en capital humano, un factor estratégico y no un gasto. Hacia esta perspectiva mira el desafío de los futuros abogados, atentos a los cambios en los formatos laborales y las nuevas áreas de desarrollo profesional.