El verdadero cambio no llega y se hace desear

La Nación. 24 de diciembre de 2016.

Hay que transformar el sector público, hacerlo más chico y eficiente.

La llegada de Mauricio Macri al gobierno fue recibida con gran optimismo. Luego de 14 años de peronismo, un aire fresco se respiraba a fines de 2015. La rápida salida del cepo y el acuerdo con los holdouts alentaron aún más los buenos ánimos. Sin embargo, muchos economistas alertamos que las medidas tomadas por el Gobierno eran necesarias, pero no suficientes, para encaminarnos en un sendero de crecimiento.

La necesaria política monetaria contractiva llevada adelante por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) para combatir la inflación secó la plaza de pesos y elevó el costo del crédito al sector privado. Los también necesarios ajustes en las tarifas de los servicios públicos pegaron duro en el ingreso disponible de los hogares. Los prometidos cambios en el impuesto a las ganancias no fueron lo que se esperaba. En lugar de disminuir, la carga del impuesto a los ingresos aumentó.

Con el paso de los meses, el gradualismo se transformó en parálisis. La "CEOcracia" chocó con la burocracia y estos últimos los corrieron con el reglamento. La lluvia de dólares nunca llegó, por más que la Web de la Secretaría de Finanzas, también conocida como el Ministerio de Hacienda, anuncie con bombos y platillos más de 53.000 millones de dólares en inversiones. Cuando la actividad se hundió, desde el Poder Ejecutivo dijeron que la recuperación llegaría en el segundo semestre. Pero parece que se quedó atrapada en un piquete, de los tantos que hay por estos días, ya que estamos terminando el año y nadie la vio.

Algo para rescatar

No todo está perdido. Federico Sturzenegger, presidente del BCRA, está decidido a bajar la inflación y lo está logrando (queda por verse si es una baja permanente o de corto plazo, pero lo cierto es que en realidad esto no depende solamente del Central). Las paritarias y los cambios en el impuesto a las ganancias que se están negociando le devolverán valor al salario, que se sostendrá en el tiempo gracias a la menor inflación.

Las agradables temperaturas de diciembre no han provocado cortes masivos de electricidad (al menos por ahora), lo cual hará más digerible los aumentos en las tarifas que ya fueron anunciados. El presidente Mauricio Macri es pragmático: si a los CEO les falta "escritorio" entonces los complementará con un ejército de abogados especialistas en derecho administrativo. La falta de lluvia de dólares la reemplazará el sistema de riego artificial alimentado por el blanqueo. La puesta en marcha de la obra pública le dará un respiro a las provincias que no se vieron beneficiadas por la baja de las retenciones y la devaluación.

El año que viene será mejor, pero el verdadero cambio en la Argentina lo veremos cuando transformemos al sector público, haciéndolo más chico y eficiente, de manera tal que no sólo le brinde mejores servicios públicos a la gente, sino que también libere recursos para que el sector privado produzca más.