La integración, una asignatura pendiente

La Nación. 14 de septiembre de 2017.

Aunque resulte de perogrullo, es imprescindible contar con un camino estratégico dirigido a la inserción creciente de nuestra economía a la global.

Abandonado el primer quinquenio de esta década caracterizado por el “vivir con lo nuestro”, la presente administración avanza en su sendero de integración para abandonar el aislacionismo económico argentino, mediante procesos de mayor apertura para acentuar el dinamismo económico. Pero urge acelerar el paso, con racionalidad y astucia.

Para entender la importancia de la inserción es necesario desprenderse de los prejuicios derivados de la escuela mercantilista. Una vez hecho ello, resulta más fácil comprenderla, aún en el caso de haber déficit en la balanza comercial.

Los movimientos con el exterior se registran en la balanza de pagos, tanto ingresos como pagos. Allí quedan anotadas todas las transacciones de la balanza comercial (exportaciones e importaciones) que se conoce como cuenta corriente, la que, además, abarca transferencias. A la cuenta corriente se agrega la cuenta de capital que involucra todas las compras o ventas de activos con el exterior.

En los últimos años nuestro país ha elegido dar un lugar especial a los mercados próximos a nuestras fronteras que muestran determinadas ventajas, pero también algunas limitaciones como su tamaño y su estabilidad macroeconómica. Según datos del INDEC, la balanza comercial en los últimos años ha resultado deficitaria con Brasil, China, Estados Unidos y la Unión Europea (UE). En tanto que con la Alianza del Pacífico, el sudeste Asiático, el Medio Oriente y África se han logrado saldos positivos.

Vale destacar dos casos, el de Brasil y China. Para ello, miremos lo sucedido el año pasado.

Las ventas a Brasil representaron alrededor del 30% del total de nuestras exportaciones (2016). Pero, a su vez, las compras fueron aproximadamente el 34%. Tanto por un lado como por el otro, la concentración debería preocupar.

China es un caso muy especial. Si bien el porcentaje de las exportaciones hacia allí es relevante (8%), alarma el ratio correspondiente a las importaciones procedentes de este país (19%).

Por otra parte, la región conocida como ASEAN, en el período 2001-16 permitió un saldo positivo, en todos esos años. En 2016 fue de alrededor de 3.500 millones de dólares.

Es vital el peso de las exportaciones como promotor del crecimiento económico, sobre todo si éstas logran desarrollar, aguas arriba y aguas abajo, empleos de calidad.

Pero como el comercio es una autopista de ida y vuelta, las importaciones son relevantes para incentivar la producción exportadora en sectores donde la mano de obra es intensiva y de calidad. Ello exige acceder a la frontera tecnológica y a determinados insumos provenientes del exterior. Para el caso de la Argentina actual, las exportaciones tienen una importancia crucial en cuanto por ellas resulta posible importar aquello que contribuye al desarrollo futuro, inmediato o mediato.

Interesa especialmente la composición de las exportaciones argentinas. Cerca del 50% de las exportaciones de mercaderías son alimenticias, mientras que el 30% corresponde a manufacturas. Vale entonces apuntar al crecimiento de las manufacturas.

A fin de no negar la identidad agrícola y pecuaria, y de recursos naturales del país, dados su elevado potencial y extraordinaria competitividad en producción de alimentos y energía, tanto en la zona pampeana como en las economías regionales, se impone diseñar una política exportadora que promueva el desarrollo integrado. Resultaría una estupidez dejarse llevar por antiguos prejuicios y no alentar (sin subsidios) la producción del eslabón primario como disparador de industrias de bienes y servicios.

En base a las ventajas competitivas y comparativas, especialmente de la cadena agroindustrial, por el papel relevante del eslabón agrícola-ganadero, es imprescindible incrementar el capital humano y el capital social mediante la capacitación y la educación. Los eslabones agrícolo-ganaderos de explotación generan eslabones aguas arriba y aguas abajo, con elevado valor agregado, mediante secuencias industriales y de servicios. Estos eslabones contribuyen a una mejor distribución de las actividades productivas en la superficie argentina. Y las economías regionales no son una excepción.

La formación de clusters agroindustriales a lo largo y ancho del país permite el desarrollo integrado y una elevada competitividad para la producción dirigida al exterior. Ellos potencian el conocimiento y aprendizaje, incentivan la demanda, promueven la especialización y el poder de negociación colectivo.

Así el cuadro, las negociaciones internacionales resultan un medio indispensable cerrar acuerdos comerciales e integrar empresarios a nuevos mercados. Las negociaciones en bloque pueden ser más favorables, pero no por ello deben dejarse de lado las bilaterales. Con la cabeza abierta a todas las posibilidades, la inserción será más cercana a los intereses del país, pues como ha dicho un ilustre científico: “La mente es como un paracaídas, sólo funciona cuando se abre”.