La predicción que hace la economía de las elecciones

La Nación. 6 de agosto de 2017.

El nivel de actividad y la inflación definirían parte de los votos; antecedentes.

El 13 de agosto, la Argentina vivirá unas nuevas PASO, la encuesta más cara del mundo. El debate entre candidatos parece haberse mudado con denuncias y cruzadas de corrupción a Comodoro Py y a las redes sociales, donde ejércitos de militantes y trolls hacen resonar cualquier palabra y acto de sus candidatos favoritos en los muros de otros militantes y trolls. Los sondeos realizados por las encuestadoras sirven de poco, y la tendencia a nivel mundial en las últimas elecciones parece ser que hay una correlación negativa entre las predicciones y los resultados. Entonces busquemos algunos datos que ayuden a entender un poco en qué situación estamos.

Miremos las elecciones de 2005, 2007, 2009, 2011, 2013 y 2015. Podemos identificar los resultados de 2005, 2007 y 2011 como triunfos del oficialismo; 2009, como una derrota absoluta, y 2013 y 2015 como derrotas, pero muy ajustadas. Cuando el oficialismo triunfó, el PBI en el tercer trimestre del año crecía a un promedio de 7,5% anual. En el tercer trimestre de 2009 el PBI caía un 5,7%. En el tercer trimestre de 2013 el aumento del PBI acumulaba 2,6% en relación con un año atrás, y el mismo dato para 2015 era 3,5%. Si bien son pocas observaciones como para una afirmación de rigor, podemos decir que cuando la economía crece fuerte, el oficialismo gana y cuando cae, el oficialismo pierde.

Con crecimiento moderado la cosa se complica. Hoy la economía muestra señales de recuperación. Llevamos tres trimestres de crecimiento (si consideramos la suba de 0,1% en el tercer trimestre de 2016) y se acumula un alza de 1,8%. Si bien el segundo trimestre de 2017 parece que continuará con la tendencia al alza, no sería suficiente para dar al nuevo oficialismo la carta ganadora. Tampoco garantiza la derrota.

La otra variable económica relevante es la inflación. De los años electorales no podemos ver a primera vista ninguna relación clara entre la misma y los resultados de los comicios. Uno de los mandatos que recibió el Gobierno en 2015 fue bajar la inflación. Si no bajara, sería una violación implícita del compromiso asumido y le jugaría en contra al Gobierno. Por suerte la política monetaria contractiva está arrojando resultados "no negativos". Según el índice que se mire, la inflación está en los niveles de 2009 y 2012, y muy por debajo de los picos tras las devaluaciones de enero de 2014 y diciembre de 2015. La tendencia es a la baja y, a pesar de que probablemente no se cumpla la meta del 17%, el índice se ubicará en niveles que permitan una mejora del salario real. Eso le sumaría unos votos al oficialismo o, al menos, no le restaría.

En conclusión, la economía llegaría con lo justo para las PASO como para no complicar al oficialismo. Pero tampoco le daría el empujón que necesita para sepultar al ex kirchnerismo reciclado.