Adaptación a cambios en el sector agropecuario

Infocampo. 21 de diciembre de 2017.

Durante las últimas décadas, cambios en la política económica local, en los mercados internacionales y en la disponibilidad de tecnología...

Durante las últimas décadas, cambios en la política económica local, en los mercados internacionales y en la disponibilidad de tecnología, unidos a shocks climáticos de diversa índole, han puesto a prueba la capacidad de adaptación del productor agropecuario. Si evaluamos esta capacidad de adaptación a través de incrementos de productividad logrados, el dictamen es favorable: estos son comparables o aún mayores que los observados en importantes productores de países desarrollados. Esta situación contrasta con otros sectores de la economía, donde Argentina presenta un rezago considerable.

Identificar los cambios ocurridos y sus determinantes resulta necesario para comprender el funcionamiento del sector. Por ejemplo, en los últimos 20 años la producción aviar se casi triplicó, mientras que la ganadera se estancó: en 1980 se producían unos 10 kg de carne vacuna por cada kg de carne aviar; en años recientes la diferencia se ha achicado drásticamente, siendo el ratio producción carne vacuna/aviar de sólo 1.5. ¿Qué cambios en la demanda y en la oferta son responsables de lo ocurrido? ¿Por qué el dinamismo que muestra la industria aviar no se verifica en la producción de carne bovina? Si la producción porcina de Argentina goza de condiciones favorables de disponibilidad de alimentos, capacidad gerencial y otros aspectos, ¿por qué seguimos siendo un importador neto de esta carne?

En lo relativo al desarrollo del sector, lo que ocurra “tranqueras afuera” será tanto o más importante que lo que ocurre dentro de ellas. Ejemplos:

  • Los tamberos se quejan de que reciben por la leche un precio que representa un porcentaje menor del precio pagado al consumidor, que el que recibe su colega de los Estados Unidos o Nueva Zelanda.
  • En ciertas regiones, los productores de fruta u hortalizas enfrentan dificultades para acceder a mano de obra, como consecuencia del incremento del empleo público.
  • Que la soja se exporte como grano, aceite o biodiesel, dependerá de aspectos ligados a costos de transporte, de transformación industrial, de precios internacionales y de acceso a mercados.
  • La disponibilidad y calidad de nuevas semillas estará determinada por el tipo de marco legal que surja de la Legislatura.

Lo anterior sugiere que comprender los problemas del sector agropecuario requiere “sacarse las anteojeras”, prestando atención no sólo a producción primaria sino a etapas tanto “hacia arriba” como “hacia abajo” de ésta. Se debe también analizar qué tipo de servicios – y con qué eficiencia – fluyen del accionar de instituciones públicas cuyo mandato incluye al sector.

Respuesta a precios

La situación de precios de los principales commodities exportados por Argentina es hoy muy distinta de la de algunos años atrás: los precios internacionales de hace cinco o seis años (soja= US$/tn 500-500, maíz = US$/tn 300) han sido reemplazados por valores que son entre 50 y 60 por ciento de los anteriores. En el caso de la carne vacuna y los productos lácteos, las caídas son algo menores pero aún así promedian el 30 por ciento de los previos.

La reducción/eliminación de derechos a la exportación, dispuesta a fines de 2015 por el actual Gobierno, contribuyó a amortiguar el impacto de caídas de precios internacionales mencionadas anteriormente: en términos aproximados y ponderando las distintas producciones por su importancia en el valor total de la producción, la reducción de impuestos a la exportación resultó en mejoras del índice de precios del sector del orden del 15 por ciento. La eliminación de permisos a la exportación (“ROEs”) contribuyó también en forma importante a la convergencia (aún incompleta) de precios internos a los internacionales. Al respecto, la Figura 1 muestra que el cociente entre el precio interno y el que “debería” el productor recibir, si se eliminaran aranceles a la exportación, permisos y otras distorsiones, ha oscilado para maíz y trigo entre el 50 y 80 por ciento. En el caso de la leche, las reducciones de precio de un 20-30 por ciento con respecto a los internacionales, fueron causados fundamentalmente por existencia de restricciones no-arancelarias a la exportación. La situación anterior claramente no contribuye al crecimiento y la eficiencia.

La eliminación de retenciones para los cultivos de cereales, unidos a la muy modesta reducción en la principal oleaginosa (soja), gatilló un importante cambio en la asignación de tierra a estas dos actividades: se pasó de 41 por ciento de superficie sembrada con cereales en la campaña 2015/6 a 48 por ciento al año siguiente (Figura 2). La convergencia de precios internos a los internacionales no solo es favorable bajo el punto de vista de producción sino también de estabilidad y sustentabilidad de ésta a través del tiempo: mayor diversificación protege contra posibles shocks climáticos y, al resultar de mayor participación de cereales en la rotación, contribuyen también a mejoras en lo relativo a conservación de suelos y control de malezas.

Las mejoras en las expectativas de precios, unidos a reducción de precio de fertilizantes, resultaron en incrementos de uso de estos insumos: entre las campañas 2015/16 y 2016/17 el consumo aumentó en más de 40 por ciento, una cifra notable. Un mayor acople de los precios internos de productos e insumos a aquellos de los mercados internacionales, debería contribuir a profundizar la mayor intensidad en el uso de la tierra que se verifica, con algunos altibajos, desde mediados de la década del ´70.

El productor argentino enfrenta precio de energía (gas-oil) casi un 30 por ciento mayor que los de su par norteamericano. Este diferencial acrecienta las desventajas causadas por el sistema de transporte hacia mercados internacionales (fundamentalmente por camiones en Argentina, por vía fluvial y ferrocarril en Estados Unidos). Precios altos de energía conspiran también contra el desarrollo de producciones bajo regadío y potencialmente exportables, entre ellas arroz y frutales. Los costos laborales argentinos siguen siendo menores a los de países desarrollados. Sin embargo constituyen un factor de importancia para producciones donde la sustitución de trabajadores por maquinaria resulta más dificultosa. Si Argentina transita un sendero hacia el desarrollo, de creciente productividad laboral y, por lo tanto, crecientes salarios, el sector agropecuario deberá realizar un ajuste no menor para adaptarse a estas nuevas circunstancias. Es dable esperar que menor disponibilidad de mano de obra tenga – entre otras consecuencias – creciente presión para incrementar tamaño de empresa y, por supuesto, sustituir trabajadores por máquinas.

Desafíos

En una nota anterior (Gallacher y Lema, 2016) describimos el significativo aumento en la especialización y calidad del capital humano asociado a la producción agropecuaria, tanto a nivel de individuos como de organizaciones del sector. Es de esperar que esta creciente especialización se profundice en respuesta a una macroeconomía más predecible, y un marco político de mayor confiabilidad. Como dijo alguna vez un importante economista, “el grado de especialización depende del tamaño del mercado”.

Hay mucho para hacer en relación a mejorar la calidad del management, tanto de empresas de producción primaria como las de otros eslabones de la cadena. Por ejemplo, una investigación que realizamos en el sector lechero muestra que existen, aún en grupos “de punta” como los pertenecientes a CREA, importantes diferencias en capacidad gerencial y, por lo tanto, eficiencia de producción, costos y rentabilidad . Esta investigación también encuentra que los “retornos a escala”, que son de esperar, dependen estrechamente de la calidad del management: sólo si el management aumenta proporcionalmente con el resto de los insumos, será posible que mayor volumen de producción resulte en reducciones de costos.

El Sistema de Información Estadística (SIE) con el que cuenta el sector agropecuario argentino está muy por debajo de lo que debería ser, dada la importancia del sector. Los trabajos que han sido realizados sobre eficiencia de producción, cambio tecnológico, adopción de tecnologías y otros aspectos, se han basado en general en información parcial, muchas veces generada gracias a “la buena voluntad” del sector privado. Por ejemplo, las únicas bases de datos relativas a datos microeconómicos, con algún grado de continuidad en el tiempo, son las que generan los empresarios CREA. Las instituciones públicas, que manejan recursos de importante magnitud, están en este sentido seriamente atrasadas.

Existen múltiples programas y proyectos dirigidos al sector, a los cuales se asignan recursos de magnitud. En Argentina el análisis Beneficio/Costo de estos proyectos es prácticamente inexistente, por no decir nulo. Se hacen reportes de “acciones tomadas” pero no del impacto que estas acciones tienen sobre productividad, costos o ingresos netos de hogares. Cuesta decirlo, pero existe poca investigación detallada y cuantitativa en muchos de los importantes problemas de nuestra economía agraria.

Sintetizando: las perspectivas de mercados internacionales son hoy menos favorables que las que existían hace algunos años. Sin embargo, la paulatina reducción en barreras al comercio implementada por el nuevo Gobierno, promesas de mayor inversión en infraestructura, y un – aún potencial – mayor interés de inversores extranjeros en el sector agroindustrial, podrían potenciar el crecimiento agropecuario argentino. Existen muchos desafíos y oportunidades para productores, empresas de la cadena agroindustrial y, por supuesto, también para todos aquellos interesados en investigar la economía del complejo sector agropecuario y agroindustrial.