La economía sufre de enfermedad holandesa de tipo financiera

Infobae. 18 de septiembre de 2017.

Por décadas nuestro país ha sufrido la implementación de políticas discriminatorias por un presunto problema proveniente de sus recursos agrícolo-ganaderos.

Tal problema se conoce con el nombre de "enfermedad holandesa". Bajo la influencia de la enfermedad holandesa, los gobiernos han tendido castigar la producción primaria.

Acuñada por The Economist en 1977, la denominación alude al proceso sufrido por los Países Bajos, después de descubrir gas natural, durante la década de 1960. A consecuencia de la gran producción y exportación de gas, muchas industrias quedaron desplazadas por la consecuente baja en el valor del dólar y apreciación del florín.

Sin embargo, tal problema no duró mucho. Una vez pasado un tiempo, Holanda pudo equilibrar su estructura productiva. La historia económica muestra cómo muchos países no quedaron encerrados en el problema de la enfermedad holandesa. Es el caso de EEUU y Canadá. Por el contrario, éstos aprovecharon sus ventajas comparativas, derivadas del agro, en base a un cuadro institucional firme y con reglas de juego estables, promotor de inversión en otras áreas.

La producción agropecuaria en la Argentina no presenta ni ha presentado, claramente, los efectos de la enfermedad holandesa. Por eso, la aplicación de derechos de exportación es un error.

Porque los productos del campo son el resultado del ingenio y la acción del hombre, a lo largo del tiempo y no de súbitos descubrimientos. Desde la tierra, se crearon con tecnología, conocimiento e ingenio y con acción humana.

Donde es posible hablar de una suerte de enfermedad holandesa, hoy por hoy, es en el área financiera. Con la entrada de los fondos, la economía argentina sufriría algo así como una enfermedad holandesa de tipo financiera. Pero a diferencia de Holanda, acá no es el gas natural el que provoca tal mal sino los flujos financieros. El valor del dólar está retrocediendo a resultas de la presión ejercida por el gran ingreso de fondos dirigidos al armado de carteras de inversión en pesos.

Los inversores financieros, hoy, apuntan a los instrumentos en pesos. Y la enorme cantidad de dólares que entran provienen, fundamentalmente, del sistema financiero y no de los granos y de los subproductos.

Las tasas obtenidas por quienes vuelcan sus fondos en el sistema superan el nivel del 27% anual.

Claramente, tales tasas se ubican por encima de la inflación esperada. Los bancos, empresas e inversores en general aprovechan que las tasas de las Letras, en el mercado secundario, se encuentran muy por arriba de la inflación. El sostenimiento de tales niveles, claramente, apunta a la estabilidad de la política monetaria.

Esta suerte de enfermedad holandesa es peligrosa, pues la apreciación del peso, que conlleva la baja del dólar, tiende a realimentarse con el permanente ingreso de fondos, lo que genera una gran incertidumbre sobre el final de este círculo.

El Banco Central deberá operar mediante una delicada sintonía fina a fin de no provocar un desbalance productivo por pérdida de competitividad de la economía.