Otra herencia: reserva de valores por la democracia

Infobae. 12 de mayo de 2017.

En diciembre del 2015, el traspaso de la presidencia de un gobierno popularmente electo a otro debería haber sido una fiesta. Sin embargo, la presidente saliente se negó a participar en la ceremonia de asunción de Mauricio Macri, exhibió una postura deslegitimizadora hacia las nuevas autoridades y al proceso por el cual accedieron a esa investidura.

Esa postura afloró con mayor virulencia en este 2017. Entre febrero y abril asistimos a la presencia continua de grupos que se expresan bajo la consigna de "ganar la calle", manteniendo un estado de movilización permanente para producir caos con la intención implícita de generar respuestas que les permitieran endilgar al gobierno el calificativo de "represor".

El 6 de marzo se realizó un paro y una multitudinaria marcha docente. Al día siguiente se produjo la protesta y la marcha organizada por la CGT. El 24 de marzo, Día de la Memoria, hubo una gran movilización de los grupos relacionados con derechos humanos, que transformaron la conmemoración en un acto "anti Macri". Se reivindicaron las luchas de organizaciones que tuvieron como único objetivo lograr una revolución, no sostener la democracia. Durante el acto se mostró un carro alegórico que llevaba un helicóptero de cartón. Este era el reflejo de un estado de opinión que se entendió como el de "voltear a Macri". El día anterior, un líder sindical había afirmado: "Queremos que le vaya mal al Gobierno". Posteriormente, el 6 de abril, la CGT realizó un paro total de actividades. Aunque algunas opiniones difieren, tuvo amplio acatamiento.

Más recientemente, en un encuentro de agrupaciones culturales kirchneristas, un orador afirmó que se sentía un "ambiente carbonario". De este modo hizo referencia a una organización secreta italiana que nació para resistir la ilegítima ocupación napoleónica. Seguramente los mencionó porque los carbonarios se caracterizaban por recurrir a procedimientos conspirativos e insurreccionales. Lo que el orador se olvidó de destacar es que su ideología, además de nacionalista, era liberal.

Como reacción a todo esto, la llamada marcha del 1A fue autoconvocada a través de las redes sociales por la democracia, en defensa de un gobierno legítimo. No contó con el apoyo expreso de las autoridades y, a pesar de las bajas expectativas de muchos, resultó también multitudinaria y exitosa. Su efecto fue modificar el comportamiento del Gobierno. En el mismo sentido, el paro del 6 de abril evidenció en las redes sociales mensajes que expresaban el desacuerdo con la medida y estaban a favor del deseo de trabajar.

Estos dos sucesos mostraron el impacto que pueden tener las redes sociales para reunir a las personas alrededor de la defensa de un interés común. En un caso ayudaron a moderar los problemas de acción colectiva, al corporizar la existencia de una mayoría silenciosa que apoya al gobierno legítimamente electo. En el otro, aunque no lograron evitar el paro, facilitaron la expresión de una fuerte corriente de opinión disconforme con este, que, de otro modo, hubiera quedado tapada por el comentario de un alto acatamiento.

Lo que se vio en estos casos es cómo, con la ayuda de una tecnología, los sectores moderados pueden salir de la pasividad y, frente a una oposición desleal, organizarse en defensa del régimen legítimo.

Muchos opositores rechazan que se hable de una pesada herencia recibida. Hoy las crisis de Santa Cruz y Venezuela son ejemplos de lo que pudo haber pasado en la Argentina de haber continuado en el curso anterior. Más allá de los aspectos económicos, se incluye otra herencia: la de grupos que no están dispuestos a aceptar la alternancia en el gobierno, la libertad y la creatividad de los individuos. A lo largo de estos años la sociedad argentina ha expresado la existencia de una reserva de valores por la democracia que hay que defender continuamente para vivir bajo el Estado de derecho y el respeto a los ciudadanos.