¿Camino a una mala cosecha?

Infobae. 4 de febrero de 2018.

Por los precios actuales, a primera vista, el panorama económico para el eslabón agroindustrial parece bueno.

¿Cuál es la razón? La presión del persistente incremento en el valor del petróleo, la chatura del dólar contra las principales divisas del mundo y la sequía que castiga la zona agrícola de nuestro país, día a día, motorizan el alza de precios de los granos en el mercado internacional.

En los últimos días, ha quedado claramente demostrada la fuerza que ejerce nuestro país, como formador de precios de la soja, a nivel global. No debería llamar la atención ello, pues la Argentina es el principal abastecedor de harina y aceite de esta oleaginosa en el mundo. Y en vista del temor a que las condiciones de sequía afecten el nivel productivo de la oleaginosa y, por lo tanto, de los subproductos, las cotizaciones se han elevado a valores que hace mucho tiempo no se veían.

Donde más claramente se nota el peso de nuestro país es en producción de harina de soja. No sólo por su gravitante participación en las exportaciones mundiales, sino por la dificultad de sustitución por otros subproductos para la industria de la alimentación de animales, como es el caso de China.

Vale observar la historia reciente de los valores. En agosto último, el precio FOB (del inglés Free On Board o Libre a bordo, puerto de carga convenido) de la soja giraba en torno a USD 340 por tonelada. Hoy lo hace alrededor de 370 dólares.

Puede parecer contradictorio, pero es así: el sector y la economía en general enfrentan un grave problema, que impactará mediante menores recursos en el campo y menos divisas en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos. A partir de abril, se sabrá con mayor certeza cómo será ello.

La acentuada escasez de humedad que sufre, en general, la región pampeana, en el período vegetativo del cultivo más crítico, donde se establecen los rendimientos, deja caer un manto de dudas sobre las estimaciones acerca de la producción no sólo de soja sino, también, de maíz y demás granos.

Los pronósticos hablan de un febrero seco. La Niña está plenamente instalada en la región agrícola, aunque acaba de llover en el NOA y el NEA así como en una parte del Oeste agrícola. A su vez, la región núcleo, aunque con diferentes intensidades, sufre la falta de lluvias. Esta región es decisiva para la producción y, lamentablemente, los cultivos transitan las fases fenológicos que definen los rindes.

Los efectos del déficit de humedad no se expresan tanto en una menor área sembrada como en los rendimientos unitarios, por lo que vale descartar de plano la posibilidad de repetir los rindes récord del 2017. La campaña actual presenta un escenario de baja productividad, a resultas del estrés termo hídrico.

Así el cuadro, me animo a sostener que difícilmente nuestro país supere un volumen de 51 millones de toneladas de soja. En tal caso, la baja sería de alrededor del 10% respecto al promedio de los últimos cinco años.

Las cartas están echadas. La esperanza reside en que los pronósticos sean erróneos.