Hacer siempre lo mismo trae peores resultados

El Economista. 31 de julio de 2017.

Una conocida cita de Albert Einstein alude a que si buscamos resultados distintos no deberíamos hacer siempre lo mismo. En economía, dicho concepto, es ligeramente diferente, pues cometer siempre los mismos errores puede conducir a resultados peores. Y es precisamente lo que sucederá, tarde o temprano, en nuestro país.

Desde que comprendimos el rol de las expectativas endógenas o expectativas racionales descubrimos que los comportamientos sistemáticos de los gobiernos, al tratar de engañar a los agentes, tienen poca o nula utilidad.

Esta excepción al dicho del gran físico se basa en el rol que juegan las expectativas en macroeconomía. La ciencia económica ha refutado la idea de que las expectativas se forman como mecanismos ad-hoc, como es el caso de las expectativas adaptativas (Cagan 1956) que postulaban que los individuos usaban la información del pasado para revisar sus errores y con ello construir nuevas predicciones. Este tipo de expectativas, que usan variables desfasadas, han sido y son utilizadas por consultores para realizar modelos de predicción de variables como inflación, crecimiento, desempleo y otros. El uso “naive” de la econometría puede generar resultados inesperados frente a cambios en los parámetros estructurales de la economía.

Esta forma de pensar fue refutada por la hipótesis de las expectativas racionales (Muth 1961, Lucas 1972 y Sargent 1972, entre otros), hoy llamadas forward looking behaviour. Su contribución más importante es que, bajo este mecanismo endógeno, los individuos no deberían cometer errores sistemáticos en la estimación de variables futuras. Esto no implica que puedan predecir el futuro, sólo significa que cualquier patrón de engaño sistemático por parte de la autoridad, monetaria o fiscal, será develado por dicho mecanismo.

Habiendo realizado esta introducción teórica, y analizando los datos de crecimiento de la Base Monetaria y de las Lebacs, podemos concluir que no existe un patrón de cambio sistemático en la política del Banco Central de la República Argentina (BCRA), al menos desde diciembre de 2011. Esto echa por tierra que, más allá de los anuncios realizados por las autoridades del BCRA, no han cambiado demasiado su política monetaria desde hace poco más de 6 años.

Grafico

Desde diciembre de 2011 hasta junio del corriente año la base monetaria ha crecido a la misma velocidad que los precios. Sin embargo, el promedio de la era Cristina (Del Pont, Fábrega, Vanoli) vs era Macri (Sturzenegger) es levemente inferior. Una posible explicación a esto sería que la tasa de crecimiento de Base+Letras durante el actual gobierno es muy superior al promedio de la era anterior, pudiendo determinar un spread en la formación de expectativas sobre futuros incrementos de precios.

Por otro lado, el cambio en el perfil de vencimientos de las Lebacs, verificado a partir de marzo de este año, determina la posibilidad de un nuevo escenario más riesgoso aún. Hasta esa fecha las letras de madurez más corta (28 o 35 días) representaban aproximadamente en cada vencimiento un 9% del stock total. A partir de esa fecha el mercado ha presionado al BCRA a acortar los plazos hasta representar un 33% del stock al plazo. Asimismo, la tasa de interés, contrariamente a la creencia de que el BCRA la determina, se ha vuelto endógena para evitar un desequilibrio mayor.

Creo que es importante entender que poco ha cambiado desde 2011 a la fecha en materia fiscal y monetaria. La excepción la constituyen algunas cuestiones cosméticas. Por ejemplo, hoy no hay cepo, aunque existen dos fallos de cámara contradictorios (CSJN 28/2014, CSJN 282/2014) que podrían determinar su retorno. Entonces no deberíamos esperar que las cosas sean distintas y sí esperar que empeoren en algún momento.

Tiene que quedar claro que las expectativas no son las proyecciones que un grupo de consultoras o analistas plantea acerca de lo que sucederá en el futuro. Las expectativas son las acciones de individuos o agentes económicos que optimizan el conjunto de información relevante para disminuir su exposición al riesgo.

La situación en el país es grave. El déficit fiscal sigue su sendero de crecimiento, la deuda cuasifiscal está al límite de ser un instrumento que puede convertirse en dinero líquido en cualquier momento. El nivel de endeudamiento neto no ha parado de crecer y el tipo de cambio real no ha parado de bajar, fogoneado por los desequilibrios del Estado.
Bajo este escenario, cualquier baja en la tasa de inflación debería ser percibida por los agentes como transitoria, atravesando ciclos espasmódicos de aceleración y desaceleración inflacionaria.