Las leyes para el día después

El Economista. 29 de septiembre de 2017.

Espero que “el día después” podamos enfrentar el futuro y, sea lo que sea que decida nuestro Congreso, que no tarde veinte años en implementarlo.

El rol de la mujer en la economía aumentó significativamente en las últimas décadas. Muchos dicen que fue por la pastilla del “día después”. O porque se crearon trabajos que ya no requerían tanta fuerza. O porque se masificaron las escuelas y las madres podían enviar a sus hijos a las mismas en lugar de quedarse en su casa cuidándoles. Como la primera explicacíon de la pastilla del “día después” es más controvertida (motivos religiosos, morales, pero ¡quien te quita lo divertido!) la utilizaré de ejemplo.

Al día siguiente de las elecciones será “el día después”. ¿Qué cambios habrá? O mejor dicho, ¿habrá cambios? Será evidente la ansiedad de los argentinos por lograr rápidamente mejoras sin pensar en los costos que implican.

La única certeza que tenemos es que cambiará la composición del Poder Legislativo y que el Poder Ejecutivo tal vez tenga un poco más de fortaleza para los cambios que quiera introducir. Estos cambios debieran ser tales que orienten a Argentina a maximizar su productividad. ¡Dejémonos de discusiones ideológicas (obsoletas) y veamos cómo estar mejor en unos años!

Los poderes Ejecutivo y Legislativo tendrán que orientar la economía en varios frentes simultáneos: será necesario que todos, y particularmente los jóvenes, se inserten en una economía extraordinariamente competitiva. Otros países avanzan en tecnología, medios de producción, educación y organización que permiten producir a costos extraordinariamente menores que los nuestros.

Deberemos reducir costos improductivos o innecesarios, como son los permisos y trabas burocráticas. Los municipios y provincias tienen un inmenso camino por recorrer para desmantelar las aduanas interiores que hoy nos aquejan. Tendrán que eliminar impuestos como Abasto e Ingresos Brutos, y brindar servicios a su comunidad con sus propios recursos en lugar de mendigar y culpar al Gobierno central.

Será un requisito el reducir las trabas a la inversión. Todos queremos alcanzar oportunidades de inversión, que necesariamente implican mayor generación de trabajo y riqueza. Ahí nuevametne se compite con muchos otros países que buscan atraer inversiones. Los propios argentinos tienen la opción de invertir fuera del país. Espero que “el día después” no olvidemos que es más fácil liberar las fuerzas del capital que ya está aquí, por ejemplo disminuyendo los costos de transacciones e impuestos. No puede ser que haya impuestos al mayor valor de la casita de los viejos que la compraron con su esfuerzo; no puede ser que haya mayores impuestos a quien usa su auto para repartir comida que al que lo usa para ir el domingo a la cancha.

Será necesario reducir las trabas al progreso individual. Me refiero a regulaciones que no tienen sentido en el Siglo XXI. Por ejemplo la educación universitaria consiste en una carrera de obstáculos hasta aprobar X materias. Mucho más útil sería tener exámenes de aptitud y el que los apruebe podría ejercer, independientemente de si tardó poco o mucho en cursar su carrera. Otro ejemplo son los convenios laborales o sindicales que indican el camino o carrera profesional, tales como que luego de tantos años se cambia de categoría o luego de tantas horas de trabajo se debe tomar un descanso.

Será necesario reducir la espera para normativas que sean verdaderamente útiles a la sociedad actual. Hoy las leyes demoran muchísimo en su discusión y promulgación. No es un fenómeno nuevo. Pongo como ejemplo la Ley de la Silla redactada por Alfreo Palacios. Para los que no la recuerden, era una ley que buscaba proteger a las mujeres que estaban muchas horas paradas en su lugar de trabajo y la ley requería una silla. Sólo eso, ¡una silla! Lo increíble es que fue propuesta en 1907 y promulgada en 1935, casi 20 años después. Eso sí, con múltiples aditamentos que –a la espera del necesario consenso– demoraron cumplir con el simple y básico objetivo inicial.

Espero que “el día después” podamos enfrentar el futuro y, sea lo que sea que decida nuestro Congreso, que no tarde veinte años en implementarlo.