Las entidades financieras y el riesgo ambiental

El Economista. 15 de marzo de 2017.

El Foro Económico Mundial publicó recientemente la edición 2017 de “Los Riesgos Globales”, reporte que constituyó su doceava edición. La investigación identifica 30 riesgos globales, definidos como eventos inciertos o condiciones que pueden causar impactos negativos significativos para varios países o industrias dentro de los próximos diez años. Agrupados por su naturaleza, además de los riesgos económicos, geopolíticos, de la sociedad y tecnológicos, se identifican cinco riesgos ambientales. Los riesgos económicos son nueve, constituyendo el tipo más numeroso. Durante las primeras cinco ediciones, los riesgos ambientales no integraron el listado de los más relevantes. En efecto, ninguno de ellos figuró en el top 5, ya sea considerando su impacto estimado o la probabilidad de ocurrencia. Sin embargo, a partir de 2011, inclusive, fueron ganando en importancia. El informe 2017 ubica riesgos ambientales en el primer y el tercer lugar en términos de probabilidad. A su vez, medidos por impacto, tres de los cinco riesgos con mayor impacto son climáticos. Si se considera la interrelación de los riesgos climáticos con los económicos, por ejemplo, las consecuencias negativas podrían potenciarse. Para este caso, el riesgo de explosión de una burbuja en el precio de activos cuyo core business son los combustibles fósiles (relacionados con los llamados stranded assets) deben constituir una luz de alerta en caso de un fuerte y generalizado derrumbe de precios del que las desinversiones llevadas adelante, principalmente por ciertos inversores institucionales, intentan escapar.

El sistema financiero internacional sufre constantes cambios. Algunos de ellos relacionados con la generación de nuevos instrumentos y/o con la búsqueda de mayor rentabilidad, en tanto otros tienen como fin evitar que errores del pasado conduzcan a nuevas crisis sistémicas. En ocasiones, lo primero deriva en lo segundo. A este respecto, el objetivo del Comité de Basilea en cuanto a prevenir desarreglos financieros internacionales puede ocupar un rol central y eventos como la debacle financiera internacional de 2008–2009 que, como consecuencia de la llamada crisis subprime, tiende a revalorizar estas instituciones.

En los hechos esto está relacionado con el creciente papel que las normas macroprudenciales están jugando desde 2008 en los sistemas financieros de gran número de los países de mayor desarrollo relativo. La puesta en vigencia a partir de 2012 de normas relacionadas con la gestión integral de riesgo por parte del BCRA son una muestra. Estas normas incluyen someter a los bancos a pruebas de estrés prospectivas y rigurosas, de modo que les permita identificar y cuantificar su exposición a diversos riesgos, entre ellos los más tradicionales (crédito, liquidez, mercado, tasas y operacional), y otros como el de securitización y contraparte. Una vez ponderados esos riesgos, se espera que las entidades financieras elaboren planes de contingencia que permitan evitar, mitigar o controlar esos riesgos. Ahora bien, aún cuando la normativa ha incorporado con el tiempo más tipos de riesgos y ha sofisticado el análisis, el riesgo ambiental no ha sido incluido.

¿Por qué incluir el riesgo ambiental? Las razones para los bancos son varias y están relacionadas, entre otras, con contar con un análisis más integral de los flujos de fondos de los clientes así como del valor de sus colaterales, de posibles pasivos ambientales, y también de ser elegibles para ciertas líneas de crédito del exterior, principalmente provenientes de bancos de desarrollo y de organismos multilaterales de crédito, en ambos casos, pioneros en destacar la relevancia de los riesgos ambientales.

Otros países muestran diversos grados de avance en la temática: algunos a través de iniciativas voluntarias de los propios bancos, y otros incluso con intervención del regulador. Una posible interpretación del primer caso es que se trata para las entidades de una manera de prepararse previendo nuevas reglas que inexorablemente llegarán. Esa tendencia a incluir criterios que no se limitan a los ambientales, sino que también incluyen los sociales y de gobernanza conlleva a que los acuerdos, como el firmado en Paris por más de 180 países en diciembre de 2015 sobre el cambio climático, confirmen el rumbo. Una encuesta realizada por Vida Silvestre y el BID en 2014 entre bancos de Argentina muestra que más del 80% de las entidades consultadas considera que el principal beneficio de incorporar criterios ambientales en el análisis de sus clientes es acotar el riesgo reputacional. Sin embargo, otras razones incluyen acceder a fondeo blando de largo plazo e incorporar nuevos segmentos de clientes.

Tratándose de un área novedosa para nuestro país, es esperable que el sector financiero en su conjunto tome cartas en el tema para comenzar a transitar el camino hacia las finanzas sustentables.

(*) Profesor de la Universidad del CEMA y Coordinador de Negocios y Ambiente (Vida Silvestre)