Wall Street y el submarino amarillo: ¿Última suba de bonos y ADRs argentinos?

El Cronista. 16 de abril de 2018.

John Lennon y el yellow submarine. Existen tres economías: la ortodoxa, la marxista y la amarilla. Esta última escribe a su improvisado andar un nuevo capítulo en socialismo populista criollo, uno de relatos fantásticos que nos llevan a una desinflación que no se siente, a un crecimiento invisible que no se puede ver y a una inclusión en el mundo del desarrollo sin estrategia, sin modelo y a puro gasto público, como si fuese mágico y tal como nos seduce a los argentinos. Venimos dilapidando un escasísimo tiempo bajo la expectativa de un "no plan" que nos conduzca en piloto automático hacia una realidad de grandeza en donde abunda la fe, la esperanza y por sobre todo, lo políticamente correcto, no vaya a ser cosa que se nos caiga una gota de sinceridad y perdamos un voto peronista. Esta Argentina amarilla que nos relatan por TV nos define como un terruño de almas condenado a un escenario inevitable: el éxito sin corrección, un equilibrio totalmente factible para una película de ciencia ficción de Spielberg, pero absolutamente impensado para nuestra incorregible Peronia. Las permanentes frustraciones a las que nos somete la economía argentina nos muestran cotidianamente que el gradualisrno que hemos elegido mayoritariamente es la mejor garantía al no cambio, con un costo no trivial de 35.000 millones de dólares de endeudamiento por año. Esta realidad virtual en la que decidimos vivir no deja de sorprenderme, somos una caricatura de sociedad que se reinventa permanentemente sin poder resolver nada, retornando siempre al punto de origen y ahora con un glamour amarillezco que hasta hace juego con el otoño, en dulce sinfonía a los oídos de Durán. Me siguen contando que la economía está "ok", que la inflación viene bajando y que en una década seremos Canadá, pero yo sin embargo, sólo percibo un país obtuso, arcaico y perdedor, empecinado en la renovada aplicación de dos errores letales: endeudamiento externo y emisión inflacionaria. Contrariamente, lo que necesitarnos sería un recrudecimiento de la política monetaria y solo se observa a cambio, una paradójica laxedad populista en búsqueda de la rnaximización de un rebote que por definición no tiene otro destino que lo efímero. Sin corrección de fondo, nada de lo que intentemos funcionará y con esto involucro a todos los argentinos, a pesar de su tibieza, sería injusto cargar todas las tintas en los personajes que hoy nos gobiernan. El tiempo se acorta para que como sociedad toda, definamos un modelo económico en serio, nos tomemos treinta años para conseguir objetivos elementales y terminemos con "la nada" como estrategia principal. ¿Estaremos presenciando entonces otra oportunidad de cambio marchitándose en el tiempo a fuerza de puro populismo blando? ¿Se acerca nuevamente ese familiar sentimiento de resignación a que todo será igual? ¿Hasta qué punto se devaluó la expectativa de transformación del 2015? ¿No será ésta otra de las tantas sanatas que nos vienen contando los políticos, culminando en más de lo mismo? ¿Será Cambiemos solamente, un chamullo electoral? ¿y los argentinos, dónde estarnos, o creen en un cambio genuino basado en nuestra permanente ausencia? Pero tranquilos, este oasis populista y majestuoso en plena Sudamérica tiene como cómplice al mejor relatador de ilusiones: Wall Street nos seguirá pintando como "la perlita de emergentes" por un rato más.