Un espejo incómodo y ese país que no podemos ser: ¿vendo Argentina y compro Brasil?

El Cronista. 9 de abril de 2018.

Un clásico oficialista: agenda noruega en país africano. Hace ya dos largos años que padecemos un oficialismo keynesiano, gastador y sumamente populista, que activó el slogan de la fe y la esperanza bajo una supuesta transformación que con el correr de los días se va pareciendo a otro globo amarillo desinflándose, muy lejos de una realidad seductoramente motivante y mucho más cerca de la ácida frustración a las que nos condena el “cambio con K”. Cuando uno compara la valentía de la sociedad brasileña con el ausente, permisivo y mediocre silencio de los argentinos, emerge una triada que más allá del glamour de las bicisendas y metrobuses, sigue siendo la misma de siempre. Primero, nosotros los argentinos, que seguimos aceptando con pasmosa normalidad los abusos del estado, como si el paso adelante debiera darlo el de enfrente. Segundo, una oposición vorazmente destructiva cuyo único objetivo parecería ser el de recuperar la caja que da el poder sin una sola propuesta coherente que nos aleje del derrotero socialista. Tercero, un gobierno ausente, poco audaz y que bajo la eterna novela “de lo políticamente correcto” nunca se atrevió a hablarle a los argentinos con la sinceridad y estado de urgencia que nuestra coyuntura exige. Ubicar a la Argentina en los debates del primer mundo me parece sumamente útil pero solo si reconocemos en primer lugar que nuestras urgencias son mucho mas primitivas y por lo tanto, nos condicionan y obligan a un cuestionamiento elemental y menos fashion: para intentar ser Noruega primero deberemos dejar de ser África o lo que es lo mismo, si seguimos jugando a tener agenda europea, nunca abandonaremos nuestra pobreza africana y cuidado, porque Wall Street no nos va a seguir prestando hasta la eternidad. El salto del riesgo país argentino frente a Brasil describe a un mercado internacional que ya comenzó a vernos con un ojo mucho más crítico y menos complaciente. De repente, Brasil comienza a ser el ejemplo a seguir y en ese espejo en el que no nos queremos ver, parecería abrirse una ventana de revalorización de activos brasileños frente a los argentinos, planteando el siguiente interrogante: ¿tendrá sentido vender Argentina y comprarse Brasil? ¿Cuánto vale la fe y esperanza amarilla frente a la valentía brasileña?

El lujo que no podemos darnos. En el primer mundo, la calidad de la justicia no se discute, aquí en Peronia, sí. En el primer mundo, la esencia republicana se toma como un dato, en Peronia, el funcionamiento normal de poderes es la excepción. En el primer mundo, aprendieron que vivir con inflación es inaceptable, aquí en Peronia, todavía no se entendió que la inflación es simplemente, el reflejo de una emisión monetaria en exceso. En el primer mundo, el freno más contundente del Estado hacia el ciudadano es una opinión pública que representa a una sociedad madura, presente y sumamente consciente de las cosas que se toleran y no se toleran frente a la conducta de un funcionario público o amigo del poder; en nuestra inefable Peronia coqueteamos con el oficialista de turno sin cuestionarlo hasta aburrirnos de él, volanteando hacia otra fábula mágica que nos permita distraernos nuevamente de los sacrificios que exige nuestra pobreza. En este bendito país que todos permitimos es más fácil que la AFIP te venga a buscar por no pagar 200 pesos de monotributo, que por estafar al fisco en miles de millones. Probablemente entonces, para un gobierno que toma decisiones basado exclusivamente en las encuestas de Durán, la agenda “noruega” es un conveniente refugio que permite eludir sistemáticamente nuestras urgencias más inmediatas. De los políticos no se puede esperar otra cosa, todos sin excepción, se dedican al arte de la persuasión, al de hablarle a la sociedad como si las restricciones presupuestarias no existiesen y como si el horizonte fuera infinito. Los políticos son los campeones del “no hacer” por lo que si queremos un cambio, deberá primero, emanar de nosotros. Somos los argentinos los que deberíamos aprender de lo que los brasileños vienen haciendo para exigir otra clase de espécimen político, uno que haga lo que hay que hacer, uno que sienta vergüenza, uno que no tenga miedo a los costos que ello implique y que deje de vender una realidad de prosperidad frente a un país quebrado no solo en lo económico, sino en la acepción de aspectos éticos que resultarían impensados en cualquier país mínimamente normal que no podemos ser. Para que esto ocurra alguna vez, los primeros en convencernos deberíamos ser nosotros, paradójicamente, los más ausentes y confundidos de todos. La Argentina en bancarrota de hoy requiere decisiones urgentes sobre aspectos fundamentales de primer orden y sin embargo, observo a este gobierno como el estandarte olímpico de las cosas que no importan, de aquéllas que podrían mejorarle la vida a un noruego, pero a años luz de las necesidades extremas que padecemos los argentinos. El amor por este oficialismo sumamente tibio y decepcionante no será infinito, su tiempo político tampoco será eterno y por lo tanto, deberíamos dejar de perderlo en la irrelevancia de las condiciones de segundo orden, esas que tienen escaso costo político pero a la vez, un limitadísimo impacto en el futuro de una sociedad. El gradualismo “al revés” de este gobierno es el monumento más enorme a la irrelevancia de lo no importante.

Bonos y acciones argentinas: ¿y Brasil? Desde octubre del 2017, la parte larga de la curva argentina viene operando mal y esto no es sólo porque las tasas largas en USA subieron. Por ejemplo, el castigo a los bonos brasileños ha sido mucho más limitado, implicando que durante este periodo Argentina dejó de comprimir riesgo país frente a Brasil, aspecto que se venía observando desde hace al menos, cuatro largos años. Durante 2016 y 2017, los mercados comenzaron a capturar en precios la historia de que se venían reformas políticas y económicas muy importantes en la Argentina, aspecto que se evidenció en un spread de bonos argentinos acercándose fuertemente a Brasil. Dos eventos frenaron dicho proceso. Primero, las reformas aprobadas en diciembre del año pasado, todas, incapaces de cambiar el mediano plazo y decepcionando fuertemente a un mercado que esperaba que a la luz de la victoria electoral del oficialismo se viniese un paquete de reformas acorde a las necesidades de este país. Decidimos sin embargo, seguir siendo el mismo país K de antes, aspecto que motivó el castigo. Segundo, la incomprensible conferencia de prensa del 28/12/17 en donde quedó claro que dejamos de tener un BCRA independiente y en donde volvimos a imaginar una Argentina altamente inflacionaria. Estamos ya en abril 2018 y sin embargo, el gobierno sigue pagando los costos de una conferencia de prensa que al día de hoy sigo sin poder comprender. Sin embargo, las acciones argentinas que si bien, están lejos de los máximos del año, han resistido fuertemente el embate del S&P de las últimas semanas, describiendo a un mercado que claramente se niega a soltar acciones argentinas bajo la expectativa de un inminente rating como país emergente. Por ejemplo, el viernes pasado con un S&P que en el intradiario operó cerca de 3% en rojo lo cual es mucho para un índice norteamericano, GGAL ADR terminó prácticamente neutral, indicando que nadie estaría dispuesto a soltar en demasía acciones argentinas de calidad por lo menos, frente a un anuncio que sería inminente en las próximas semanas. Me pregunto sin embargo, si una vez plasmado el anuncio, no tendría sentido tomar ganancia en todo lo que sea acciones argentinas y armar un trade totalmente distinto: LONG Brasil y SHORT Argentina, por ejemplo, bancos. Normalmente, todo país frontera una vez materializada la inclusión a emergentes exhibe una fuerte toma de ganancia. Si a este potencial evento de negatividad le sumamos un Brasil que se muestra institucional y fiscalmente mucho mas decidido que la Argentina, podría abrirse una ventana de trade relativo que al serlo, neutralice la cartera contra correcciones potenciales del S&P frente a un 2018 que claramente resultó ser muchísimo más volátil que en los últimos dos años de Janet Yellen. Moraleja: todo tiene precio en mercados financieros, el mundo mira la decisión brasileña y la evidente y generalizada indecisión Argentina y no creo que el pricing haya terminado aquí. Me imagino a un 2018 en donde en el relativo, Brasil luzca mucho mejor que nuestra incorregible Argentina. La agenda noruega del oficialismo frenó la compresión de spreads de nuestra curva soberana, una lástima en especial, para un país cuyo único plan parecería ser seguir endeudándose a escala, cruzando los dedos y esperando un rebote salvador a tasas chinas.