La cerradura y el seguro: por qué necesitamos FF.AA.

Clarin. 27 de enero de 2018.

Dan Ariely en su libro “por qué mentimos” nos pregunta acerca de la razón del uso de cerraduras. Su respuesta es a la vez sencilla y preocupante: “por el 98%”. Figurativamente existe un 1% que va a hacer todo lo posible por entrar y apropiarse de lo ajeno a pesar de la cerradura, y otro 1% que nunca haría nada, conductas que conocemos y con las que lidiamos.

Sin embargo, Ariely señala que el mayor problema político, social y económico existente es cómo usamos las oportunidades; esto es el otro 98%. “La ocasión hace al ladrón”, reza el dicho popular. Actuar en detrimento del interés del otro frente a la oportunidad es moneda corriente. Solo nos disuade la evaluación que se haga de los costos en función del beneficio que se espera obtener. La política pública de Defensa diseña, prepara y mantiene la “cerradura” que protege aquello que las autoridades consideren necesario en un contexto internacional incierto y ambiguo. Las FF.AA. son la cerradura de un país y su funcionamiento dice qué estamos dispuestos a proteger, qué no y qué esfuerzo demanda.

Si bien nuestro día a día no comienza con “hipótesis de conflicto”, a veces las conductas y acciones de otros nos enfrenta al duro plano de las realidades conflictivas. La cerradura pone límites a los ímpetus. La Base de Mount Pleasant es la “cerradura” británica de las Islas Malvinas, la cual en 1982 fue lo suficientemente débil como para forzarla. A mejor cerradura, mayor seguridad.

La asociación de las FF.AA. con la idea de seguro aunque atractiva, no es idónea para discutir política de defensa. El seguro es un adicional optativo, y puede ser más caro o más barato según aquello que se quiera recuperar una vez perdido. Actúa sobre el hecho consumado, restaura, y repara. En 1982, el “seguro” le permitió al Reino Unido recuperar las Malvinas. Si las FF.AA. fueran en principio un seguro, actuarían una vez que un hecho de fuerza contra un interés haya sucedido, con el daño consecuente y los costos que ello conlleva para el país. El seguro, restaura; la cerradura, disuade.

Hemos debilitado la cerradura con un sinnúmero de argumentos, muchos de ellos contradictorios entre sí, a los efectos de justificar el ajuste presupuestario. Una combinación de ideas y acciones mantienen un “status quo negativo para las FF.AA”. Desde los años ‘90 en adelante se asumió la premisa de los “dividendos de la paz”, con la idea usar las FF.AA. para ayudar a resolver los problemas de un vecindario global interdependiente, entrenándolas y equipándolas a tales fines , apostando a un mundo más seguro sobre premisas de seguridad cooperativa y con algunas incorporaciones en los espacios comunes, en especial el aéreo y el aeronaval. Más allá de las críticas por la situación presupuestaria, los ‘90 dejaron algún legado; entre ellos, la designación de aliado extra OTAN y una sólida posición en materia de misiones de paz. Pos-2003, la política de defensa se concentró solo en lemas vacíos, “cuando un país se junta hay fuerza”, fábricas de defensa que nunca produjeron lo que debían y reparaciones que se demoraban más que la media internacional. La tragedia del ARA San Juan es la resultante final de todo ese proceso de declinación.

Entonces, ¿para qué necesitamos FF.AA.? La respuesta es sencilla, constitucional y admite poco disenso: “proveer a la defensa común” de potenciales agresores presentes o futuros cuando las condiciones internacionales se modifiquen, para denegarles la oportunidad de ejecutar acciones contrarias a nuestro ínteres tanto territorialmente como en el ciberespacio, y para realizar actividades cooperativas con la región y el mundo. Son “la cerradura” de un Estado soberano, cooperativamente útil en un mundo globalizado de amenazas directas e indirectas al desarrollo de los argentinos.