¿Qué puede hacer la región frente a la autocracia venezolana?

Clarín. 26 de agosto de 2017.

Cuando se trata de usar la política exterior para promover la democracia se enfrentan dos problemas principales. El primero es que puede ser difícil identificar el momento que un régimen cruce la línea entre democracia y autocracia. El segundo es que las herramientas pueden ser imprecisas y, en muchos casos, provocan daños no deseados. Sin embargo, ninguno de estos problemas es insuperable para que la región y el mundo enfrenten al autoritarismo actual en Venezuela.

¿Cuándo pasó Venezuela a ser autoritario? Una forma de estimarlo es consultar distintos índices que miden la democracia. Para el índice más utilizado en la ciencia política, el Polity IV, el régimen venezolano era considerado una “democracia” (aunque en el límite inferior) en los 2000, y pasó a ser una “anocracia” (eso es una combinación incoherente de democracia y autocracia) en 2010. Freedom House lo consideró “parcialmente libre” hasta 2017, cuando pasó a ser “no libre”. Variedades de Democracia, un proyecto que toma en cuenta debates ideológicos legítimos sobre distintas dimensiones de la democracia, por ejemplo ¨la “liberal”, la “equitativa”, o la “participativa”, muestra un deterioro gradual en el liberalismo desde finales de los 90, y una caída marcada en la equidad y la participación durante los 2000.

Aún los que le concedían durante años el beneficio de la duda al régimen, han tenido que reconocer que desde principios de 2016 el gobierno de Nicolás Maduro ha negado la legitimidad del Congreso elegido por los venezolanos. Ha usado fuerzas militares y paramilitares para oprimir a sus opositores. Está más que claro que su intención es usar la Asamblea Constituyente para que domine un solo partido.

Ahora que las fuerzas pro-democráticas de distintas ideologías están más dispuestas a actuar, se enfrenta el segundo problema: ¿con cuáles herramientas? Las más tradicionales serían diplomáticas. Es un paso importante la decisión de muchos países de no reconocer a la Asamblea Constituyente, pero habrá que definir qué quiere decir en la práctica. La expulsión de embajadores, como hizo Perú, sería lo lógico. La suspensión de Mercosur fue otro logro. Para ganar impulso, otra posibilidad sería abandonar la CELAC.

Las sanciones económicas tienen más dientes que las diplomáticas, pero pueden provocarle daños a la población local y son difíciles de coordinar multilateralmente. Sin embargo, el multilateralismo es esencial. Habrá que congelar cuentas bancarias y otros bienes del Estado y de los individuos asociados al régimen. Sanciones unilaterales desde los Estados Unidos resultarían contraproducentes, dándoles combustible ideológico a los defensores del régimen. Es probable que una potencia autocrática, como Rusia, le ofrezca un salvavidas económico a Maduro, así que cualquier intento multilateral tiene que tomar en cuenta esta posibilidad.

Los actores pro-democráticos de adentro y afuera de la región deberían dedicar su energía a encontrar soluciones creativas.