Qué tenemos que discutir para la reforma laboral y previsional

Clarín. 19 de noviembre de 2017.

La autora propone pensar las reformas propuestas de manera integral.

Hace más de 300 años que murió John Locke, filósofo que dijo que “Toda riqueza es producto del trabajo”. Qué es y cómo generar trabajo es una discusión global. Se analizan los efectos de la robotización, la inteligencia artificial, el trabajo infantil o esclavo. Se evalúan desde impactos de la globalización a la necesidad de capacitarse cada diez años. En Argentina estamos muy lejos de esas cuestiones filosóficas y prácticas. Tenemos ahora la oportunidad de discutir el proyecto de reforma laboral y previsional y modificar muchos elementos de una estructura legal e impositiva extremadamente rígida, pensada hace décadas y que se parece a una película de La Momia ¡Apenas se puede mover y da miedo!

El proyecto busca mejorar la competitividad y la eficiencia de los distintos sectores productivos, aumentar la generación de empleo, atraer la inversión y disminuir los costos y conflictos laborales (una de cada tres pymes tiene un juicio laboral).

Debemos tener en cuenta que las partes a beneficiar son los empleados y las empresas, y que los “intermediarios”—sindicatos, obras sociales, seguros varios, entre otros— deberían ser evaluados en función de su verdadera utilidad. Sin embargo, estos “intermediarios” son una voz extremadamente organizada que dificultará las discusiones. Lo que se llama “derechos adquiridos” en muchos casos no son beneficios para los trabajadores sino para sus representantes.

Por la historia política argentina no es difícil explicar por qué la palabra “flexibilidad” tiene connotaciones odiosas. Pero es evidente que todo lo que dé más libertad a las partes contratantes debería ser un gran beneficio: ¿por qué trabajar sólo en determinados horarios estipulados, en ciertos lugares y con ciertas medidas? Obviamente esas normas no se aplican en Silicon Valley ni en el campo cuando hay que levantar la cosecha. ¿Por qué se regula como si las leyes fueran siempre buenas e inexorables? Los “intermediarios” en las discusiones prefieren la rigidez ya que todo cambio implica negociaciones y poder llevar agua para el propio molino. La empresa tiene así una gran dificultad para buscar la máxima eficiencia ya que está limitada por rigideces impracticables. La competencia entre empresas no se da por la mayor eficiencia sino por algún otro elemento: ¡un problema menos! Y un problema más para la sociedad en su conjunto.

Los múltiples parches de los últimos setenta años tienen resultados a la vista: alta desocupación en jóvenes, ANSES quebrada, serios problemas de rentabilidad para las empresas y sigue la lista... No los veo reflejados en la legislación propuesta.

El empleo joven debe ser una prioridad en toda sociedad, por infinitas razones. Pero contratar jóvenes es muy oneroso porque no solo hay que entrenarlos sino que, al no conocer cómo será su desempeño, es muy difícil seleccionar entre ellos. Como el salario está fijado por convenio, es más eficiente tomar un empleado con experiencia, y si trabaja para un competidor, mucho mejor. Las leyes actuales protegen al que ya tiene trabajo y poco hacen para los que quieren insertarse laboralmente.

La AFIP tiene múltiples regulaciones que indican la retribución y cantidad de personas para cientos de tareas. Si la empresa mejora su productividad por algún motivo, aun así debe pagar los mismos impuestos laborales que si fuera una empresa que no goza de la misma tecnología, mercado, o reputación.

Respecto al régimen previsional, ANSES recibe aportes de empleados y empleadores, de monotributistas y parte de la recaudación de ganancias, IVA, tabaco, combustibles y cigarrillos. Cualquier cambio al sistema impositivo tiene como restricción que no se puede desfinanciar a la ANSES.

Las prestaciones comprometidas no tienen relación ni con lo que la persona haya aportado ni con los recursos de ANSES. Es decir, no es un sistema de capitalización ni de beneficios predeterminados, ni de pay-as-you-go, que son los sistemas mayoritariamente usados en el mundo. El que tenemos nosotros tampoco es un híbrido: es un reconocimiento liso y llano de prestaciones cuando se cumplen ciertas condiciones, que suena muy bonito e igualitario, pero que es injusto con los que aportaron mucho. Además, es imposible de financiar.

Modificar la fórmula de ajuste de las jubilaciones será un nuevo parche: la modificación tiene que ser integral, poniendo cierta coherencia entre los que actualmente trabajan y pagan impuestos, y los que reciben un beneficio. Y no dudo en decirlo: si el factor de ajuste fuera el único cambio, espero que no sea por inflación. Porque cuando haya recesión o inflación elevada el problema aumentará. Mucho más importante es poner fin a la escandalosa escalerita de pensiones, a regímenes dispares, a la unificación con cajas provinciales. Estos beneficios fueron frutos de parches mal pensados. Siendo que los recursos para la ANSES son el principal componente del PBI, y que es un problema que ha sido solucionado únicamente en pocos países, no tengamos la ingenuidad de decir que es sólo una cuestión de la fórmula de ajuste.

Grave como es el déficit fiscal, es indispensable que la reforma laboral y previsional no se enfoque desde un punto de vista recaudatorio. Por el contrario, debe concentrarse en dar mayor libertad a empleados y empresas. Elegir cómo distribuir el trabajo y cómo afrontar imprevistos es probablemente lo más valioso para todas las partes.

En el proyecto hay muchos elementos que son coherentes entre sí. Atención que si se eliminan algunos, puede quedar muy sesgado en alguna dirección. Y si sumamos los notables costos que implica la reforma impositiva, puede ser contraproducente. Es decir, una buena propuesta con ciertas modificaciones puede tener efectos negativos. Esperemos que el Congreso discuta con sentido común todos los aspectos simultáneamente. Como dijo John Locke, “la riqueza es fruto del trabajo”. Sentemos las bases para generar mucho y pronto.