Los recelos de Urquiza ante los avances del mitrismo. Un nuevo intento secesionista del gobernador entrerriano
La
expedición de Venancio Flores generó rechazo en la opinión pública de las
provincias argentinas -exceptuando los casos de los sectores dominantes porteños,
y algunos círculos liberales del Interior -entre ellos Corrientes-. El orden
gestado después de Pavón reflejaba una realidad muy particular, caracterizada
a principios de 1863 por un Urquiza que había negociado justamente con Mitre,
quizás desgastado por sus luchas con Rosas primero, y con Buenos Aires después,
que si bien le habían otorgado un notable protagonismo, le habían
proporcionado escasos réditos políticos. Sin embargo, continuaba siendo el
jefe del federalismo argentino, y sus comprovincianos esperaban de él una
reacción contra el mitrismo gobernante en algún momento. Incluso el Chacho,
durante su segundo y último levantamiento, había escrito al caudillo
entrerriano: "no nos falta sino que usted monte a caballo para concluir
definitivamente la obra de reconquistar nuestros derechos y libertades".
Pero esta carta de Peñaloza fue sospechosamente a poder del propio Mitre y
publicada en La Nación Argentina del 1º de julio de 1863. Urquiza pagaría
años después con su propia vida su falta de reacción ante los avances del
mitrismo, actitud que le valió al ex vencedor de Caseros el mote de
"traidor a la causa federal".
A
pesar de la alianza tácita entre Mitre y Urquiza forjada en Pavón, el último
tenía algunos motivos de preocupación respecto del jefe del liberalismo y
presidente argentino. El ministro del interior del gobierno de Mitre, Guillermo
Rawson, llevaba importantes armamentos a las provincias de Santa Fe y Córdoba,
explicitando que eran para acabar con el Chacho. Pero las agresiones de la
prensa porteña, que presentaban a Urquiza como vinculado al Chacho, hicieron
temer al caudillo entrerriano que los aprestos bélicos se dirigieran también
contra su persona.
El
31 de mayo, el periódico porteño Tribuna calificaba a Urquiza de
asesino como en los tiempos anteriores a Pavón. Para allanar cualquier tipo de
sospechas, Urquiza explicó a Mitre que no tenía nada que ver con el Chacho.
Pero la persistencia en los preparativos de Rawson llevaron al gobernador
entrerriano, jefe de los federales y puntal del orden mitrista en el Interior, a
desconfiar de Mitre. Sin perder tiempo Urquiza se puso en contacto con los
blancos orientales y los paraguayos, dispuesto a entretejer una malla protectora
contra un posible avance mitrista sobre la provincia de Entre Ríos. Mandó con
este objetivo a Montevideo al senador Moreno, y recibió en el Palacio de San
José al oriental José Vázquez Sagastume, a quien expresó sus simpatías por
el presidente Berro en sus conflictos con Mitre. Finalmente se dirigió a través
de una persona de su confianza, el santafesino José Caminos, al cónsul
paraguayo en Paraná, José Rufo Caminos -tío del primero-, para llevar un
urgente y secreto mensaje al presidente López.
Dicho
mensaje constituyó otro de los tantos intentos separatistas de Urquiza buscando
en este caso bastante más que la independencia de las provincias de la
Mesopotamia respecto de Buenos Aires -como en los días del tratado de Alcaraz
de 1846, o los intentos de 1851 y 1852-. Se trataba de obtener la alianza de
Paraguay con Entre Ríos y el resto de las provincias para constituir una
entidad separada de Buenos Aires. Este intento de Urquiza es un interesante
ejemplo de que el acuerdo implícito en Pavón no estaba exento de sufrir
vaivenes y confirma que si bien esta última batalla abrió el camino para la
formación del Estado nacional, dicho Estado todavía no estaba consolidado. El
mensaje que Urquiza enviara a Rufo Caminos con las instrucciones de lo que debía
realizar en Paraguay fue el siguiente:
El
general (Urquiza) se empeña en que por el primer vapor salga Ud. para el
Paraguay, y haciendo valer toda su
influencia ante el presidente López, trabaje para que el doctor Lapido
(representante de Berro en Asunción) establezca y afiance un tratamiento de
alianza ofensivo y defensivo.
Si este pacto se realiza, el general tendrá de la República Oriental todos los
elementos que necesite de dinero y armas para ponerse al frente de un gran
pronunciamiento que dé por resultado la separación definitiva de Buenos Aires
de las demás provincias, de manera de resolver de acuerdo con Paraguay todas
las cuestiones del Río de la Plata. En treinta o cuarenta días terminaría la
campaña... El general cuenta con la voluntad de las potencias para reconocer al
nuevo Gobierno de las trece provincias.
Me ha encargado de que diga a usted que él aborrece y habrá de aborrecer por
siempre a los porteños, y que era llegado el caso de separarnos de ellos para
toda la vida. (1)
Sin
embargo, el intento de Urquiza de buscar la alianza con López no tendría éxito.
El cónsul Caminos no confiaba en Urquiza a tal punto que se dirigió al
canciller paraguayo José Berges expresándole: "cuesta hasta repugnancia
traer su nombre en una misiva entre amigos". (2)
Por
cierto, Urquiza no contaba con crédito ni dentro ni fuera de la Argentina hacia
1863. Salvo la masa federal que lo seguía viendo como un mito -quizás también
por la necesidad de los sectores populares de ver en Urquiza a un
"sucesor" de un Rosas ya ausente-, los dirigentes federales del
Interior no cesaban de imputar a Urquiza su extraña retirada en Pavón, sus
negociaciones con Mitre y la falta de reacción del entrerriano ante los avances
del mitrismo. Por su parte, los círculos dirigentes porteños -que se veían a
sí mismos como representantes de la "civilización"- no perdían
oportunidad de recordarle a Urquiza su condición de caudillo federal, tachándolo
de "bárbaro" como lo hicieran con Rosas o con el "Chacho"
Peñaloza y endilgándole sus matanzas en el potrero de Vences o los sustos que
las fuerzas de Buenos Aires debieron experimentar en los días de Cepeda.
A
la vez, la respuesta de López fue terminante: Urquiza debía dar pruebas
concretas de su divorcio de Mitre. Según el historiador paraguayo Efraím
Cardozo -posición que avala su colega argentino José María Rosa-, "López
deseaba que Urquiza se pronunciara contra Buenos Aires, aunque no con propósitos
separatistas", pues "la desintegración argentina contrariaba antiguas
ideas de López: el mantenimiento de la unidad argentina era, a su juicio,
condición del equilibrio en el Río de la Plata y garantía de la independencia
del Paraguay". (3) Ante la respuesta del mandatario paraguayo, que no
adelantaba la menor declaración, Urquiza comentó en forma significativa:
"¡Hum! ¡Mi compadre desconfía!... (4)
NOTAS
Ramón J. Cárcano, Guerra del Paraguay, tomo I, pp. 131-132, cit. en ibid., p. 107.
Archivo Relaciones Exteriores de Paraguay, citado por E. Cardozo, Vísperas..., op. cit., p. 128, cit. en ibid., p. 109.
E. Cardozo, Vísperas..., op. cit., p. 129, cit. en ibid., p. 109.
R.J. Cárcano, Guerra del Paraguay, tomo II, p. 133, cit. en ibid., p. 110.
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