Las relaciones con Francia
Un capítulo importante de la agenda con Francia durante la primera
etapa del gobierno de Alfonsín fue la visita del canciller francés Claude Cheysson a
Buenos Aires, a fines de julio de 1984. Los resultados concretos de la misma fueron la
creación de la Comisión General Franco-Argentina de Cooperación Comercial, Cultural y
Científico-Técnica, el asesoramiento francés para la formación de cuadros superiores
de la administración pública y para el mejoramiento del sistema de recaudación
impositiva de la Argentina, y un acuerdo especial de trabajo en el campo de la
investigación espacial (1).
Pero, tal como ocurriera en los casos de España y Alemania Federal, el
canciller francés Cheysson transmitió a las autoridades argentinas la posición oficial
francesa en el tema de la deuda externa: la Argentina debía firmar un acuerdo con el FMI
para poder acceder a nuevas inversiones y al apoyo francés en las negociaciones con el
Club de París. Asimismo, Cheysson rechazó tajantemente la idea del gobierno radical de
formar un club de deudores, sosteniendo que "la creación de cárteles representa un
retroceso para la economía mundial (2)". Asimismo, cuando en el foro de la ONU los
países latinoamericanos impulsaron una resolución en favor del restablecimiento de
negociaciones entre la Argentina y Gran Bretaña en la cuestión de las islas Malvinas, la
delegación francesa se abstuvo de votarla favorablemente, aduciendo razones de
solidaridad regional hacia un miembro de la Comunidad Europea (3).
En octubre de 1984 tuvo lugar el encuentro cumbre entre Alfonsín y
François Mitterand, en el transcurso del cual el presidente francés expresó su
reconocimiento a las medidas adoptadas por Alfonsín en materia de derechos humanos. Sin
embargo, en el tema de la deuda externa, Mitterand ratificó las expresiones efectuadas
por su canciller meses antes, condicionando los futuros planes franceses de inversión a
un acuerdo previo de la Argentina con el FMI (4).
A fines de febrero de 1985, el canciller francés, Roland Dumas,
otorgó su respaldo a la causa perseguida por la Asociación de Madres de Plaza de Mayo en
la Argentina. Dicho apoyo fue ratificado por boca del propio Dumas a la presidenta de la
Asociación, Hebe de Bonafini, durante su estadía en el Palacio del Quai DOrsay
(5).
En el ámbito económico, vale mencionar la firma de dos acuerdos. Uno,
sobre cooperación científica, técnica y de formación superior, en marzo de 1985, que
tuvo por signatarios al canciller argentino, Dante Caputo, y al embajador francés en la
Argentina, Antoine Blanca. El otro, de cooperación económica, firmado en París durante
la primera reunión de la Comisión de Cooperación Económica Franco-Argentina por el
secretario de Comercio argentino, Ricardo Campero, y el secretario de Relaciones
Exteriores de Francia, Jean Michel Baylet, que otorgaba prioridad al ámbito energético
(6).
La imagen positiva que despertó la primera fase del Plan Austral
permitió también en el caso de Francia algunos avances en el terreno de la cooperación
económica bilateral. Así, durante su visita a París en septiembre de 1985, el
presidente Alfonsín reiteró los reclamos que hiciera oportunamente en Bonn para lograr
la flexibilización de las políticas comerciales proteccionistas adoptadas por la CEE.
Por su parte, el gobierno de Mitterrand ofreció a la Argentina la participación en el
Plan Eureka de cooperación tecnológica. Otro dato interesante de esta visita de
Alfonsín fue el interés demostrado por el gobierno socialista francés en la creación
de un mecanismo de consulta entre la Comunidad Europea y el Consenso de Cartagena, con el
fin de iniciar un debate sobre los aspectos políticos de la deuda externa de América
Latina. Por cierto, esta propuesta francesa tenía fuertes puntos de coincidencia con la
posición del gobierno radical respecto de la necesidad de solucionar el problema de la
deuda externa a través de la negociación política entre los representantes de los
países acreedores y deudores. Por último, se destacó también la firma de un convenio
de cooperación económica, financiera e industrial que apuntaba a una colaboración
bilateral más estrecha (7).
Como producto de la voluntad de acercamiento de las autoridades de
París, se firmó una serie de convenios, entre los que se destacaron el Acuerdo de
Cooperación Económica, Industrial y Financiero -suscripto en París el 19 de septiembre
de 1985, aprobado por Ley Nº 23.336 y entrado en vigor el 30 de septiembre de 1986-; el
Acta de la II Reunión de la Comisión de Cooperación Económica Argentino-Francesa -en
Buenos Aires, el 25 de febrero de 1986-; la Declaración Conjunta Argentino-Francesa -en
París, el 23 de julio de 1987- y el Acta-Convenio (de cooperación económica, industrial
y financiera) -en París, el 24 de julio de 1987 (8)-. No obstante, y tal como lo
demostró el propio presidente Mitterrand durante su visita a la Argentina entre el 6 y el
10 de octubre de 1987, el nivel de la cooperación económica bilateral ente Buenos Aires
y París nunca alcanzó en importancia el de los acuerdos preferenciales con España e
Italia (9).
Por cierto, la cooperación económica argentino-francesa, aunque
limitada, no estuvo exenta de ribetes polémicos. Asi, a principios de enero de 1986 la
cadena de televisión francesa TF-1 reveló una supuesta participación francesa como
intermediaria para asegurar el financiamiento de una operación entre la Argentina y Libia
que consistía en la venta de dos fragatas de tipo 42 equipadas con misiles Exocet, al
régimen de Muammar Khadafi. Esta venta, que se frustró al parecer por las objeciones del
propio presidente argentino Alfonsín, fue difundida por los medios de prensa locales y
enfáticamente desmentida tanto por los funcionarios del Palacio San Martín como por el
ex titular del ministerio de Defensa francés, Charles Hernú (10). Por su parte, la
revista argentina Somos hizo referencia a una operación de
"triangulación" de explosivos franceses por parte de Fabricaciones Militares de
la Argentina en favor de Irán (11).
Respecto de las cuestiones políticas en la agenda bilateral, un tema
importante fue el de la cuestión Malvinas. Cuando Gran Bretaña decretó la zona
económica exclusiva de pesca alrededor de las islas Malvinas el 29 de octubre de 1986, la
reacción del gobierno francés fue de respaldo a la gestión negociadora. Así, en una
entrevista concedida a la prensa el 31 de octubre, el presidente Mitterrand afirmó su
disposición "a facilitar la conciliación y a tomar parte en todo lo que pueda
contribuir a ella, según el derecho internacional (12)".
Por su parte, el gobierno francés no dejó de respaldar, como sus
colegas de la CEE, la gestión democrática de Alfonsín durante la rebelión de los
militares "carapintadas" en abril de 1987. Este respaldo fue expresado a través
de un comunicado de adhesión al gobierno argentino el 17 de abril (13).
En el ámbito económico de las relaciones con Francia, se destacó la
firma en París el 7 de octubre de 1988 del Acuerdo de Consolidación de Deudas, que
entró en vigor en esa misma fecha (14).
NOTAS
IRELA, Cronología de las relaciones entre Europa Occidental y América Latina: 1987, op.cit., p. 37.
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