CEA | PERSPECTIVAS

Columna Perspectivas del mes de mayo. Esta sección del Centro de Economía Aplicada (CEA) de la UCEMA provee un análisis de destacados economistas con orientaciones y enfoques diferentes respecto de los problemas económicos de nuestro país y el mundo.

La post-verdad y el populismo van por la misma senda.

Por Roque B. Fernández

UCEMA, mayo 2017

Roque FernandezEl 23 de diciembre de 2001 Argentina dio su primer paso de retorno al populismo cuando el presidente Adolfo Rodríguez Saá declaró el default de 93.000 millones de dólares de deuda soberana. No fue un acto intempestivo de un político aislado, fue consensuado por la dirigencia política en una Asamblea Legislativa donde los legisladores se pusieron de pie para aplaudir el evento. Pocos días después el presidente Eduardo Duhalde continúo la saga populista pesificando y licuando tanto los depósitos bancarios denominados en dólares como los créditos denominados en dólares. Y hacia el final del 2008, en pleno período Kirchnerista, el Estado se apropió de 30.000 millones de dólares de fondos privados en poder de las AFJP.

Se puede decir que Argentina fue pionera en el populismo del siglo XXI. Precedió a la crisis griega, al Brexit, y también a Trump. Y también fue pionera de lo que ahora se denomina post-verdad. Formalmente se entiende como post-verdad a la situación en la cual el pueblo es más propenso a aceptar un argumento basado en emociones y creencias que en datos objetivos.

Emociones y creencias fueron manipulados por los medios oficialistas con intencionalidad política. Frente a la ansiedad que generó la convocatoria de acreedores por el default de Lehman Brothers en septiembre de 2008, el gobierno se aprovechó para instalar mediáticamente la post -verdad de que la “crisis financiera internacional” ponía en evidencia las falencias del sistema privado de administración de fondos jubilatorios. Que peligraban las jubilaciones futuras, y que el ANSES podía proteger mejor a los jubilados. La intención fue ocultar el hecho objetivo de obligar a las AFJP a entregar sus fondos líquidos al gobierno para comprar títulos públicos nacionales de una Argentina que continuaba en default.

La otra post-verdad que se instaló en la administración Kirchnerista fue que Argentina se desendeudó. Pero la realidad objetiva muestra que, a pesar del default con acreedores externos, a pesar de la pesificación compulsiva de depósitos, y a pesar de la expropiación de fondos jubilatorios, Argentina aumentó su deuda. Al final de la década del 90 la deuda total Argentina representaba aproximadamente el 40% del PBI, y al final de la administración Kirchnerista llegó al 52% del PBI.

Muchos analistas advirtieron el aumento en la pobreza que generaba el populismo, pero no lograron dilucidar por qué, si el populismo era tan perjudicial, la gente sistemáticamente votaba gobiernos populistas. Algunos culparon a la cultura de los argentinos. Otros ofrecieron explicaciones diversas sobre distorsiones del sistema político, tales como la compra de voluntades mediante el asistencialismo. Pero fue la ingeniosa lógica de la equivalencia de Laclau la que mejor dilucidó el tema. El éxito del populismo radicaba en la construcción subjetiva de un líder inefable en cubrir las necesidades insatisfechas del pueblo, e implacable en la confrontación con el otro.

El enfoque de Laclau fue novedoso porque ofreció un marco conceptual alternativo que no postulaba la representación política mediante la agregación de ciudadanos con un orden de preferencias e intereses adecuadamente definidos. Laclau fue un pionero de la post-verdad en el mundo académico. Advirtió que, electoralmente, no tenía sentido agregar preferencias sobre bienes y servicios reales. La hipótesis de Laclau rechazaba el objetivismo proponiendo un líder populista lacaniano que agregara emociones y creencias, que creara bases militantes, y que el pueblo lo idealizara como un corpus mysticum benevolente. La evidencia empírica no refutó la hipótesis de Laclau, el triunfo electoral del populismo fue notable.

En el mundo real, los líderes populistas triunfaron por su habilidad especial de articular discursos estructurados sobre la agregación de las emociones y creencias de los pueblos. Pero, en general, los líderes populistas fueron personalmente ajenos a las emociones y creencias populares. Persiguieron el poder político para su propio enriquecimiento real y objetivo a expensas de las emociones y creencia ajenas. Parafraseando a “El Arriero” de Yupanqui: las emociones y las riquezas van por la misma senda, las emociones son del pueblo, las riquezas son ajenas.

Fue un grave error pensar que al populismo se lo combatía enriqueciendo la cultura del soberano. El resonante triunfo del Brexit en Inglaterra, el de Trump en USA y el muy decoroso segundo puesto de Le Pen en Francia muestran que el populismo no es una tragedia de los pueblos incultos.

Al populismo se lo combate con las instituciones vigentes que ponen límites al poder hegemónico del líder oportunista y ocasional. Estas instituciones la conforman: la Republica con su sistema de división de poderes; los organismos públicos que brindan transparencia y criterios de evaluación de la gestión de gobierno en base a datos objetivos; y, en general, todas aquellas organizaciones, como la prensa libre, que pueden denunciar el oportunismo del líder populista.

Para concluir conviene resaltar los siguientes puntos. Primero, el populismo perdura gracias a la impunidad que garantiza la negligencia de los funcionarios responsables del control institucional. Segundo, forma parte esencial de un mejor control al político oportunista el mandato por términos delimitados con elecciones frecuentes que permitan auditar la gestión. Y tercero, la manipulación de emociones y creencias también ocurre en poderosas organizaciones sociales como la AFA o los sindicatos. Estos últimos al ser receptores de fondos compulsivamente extraídos del salario, deben tener el mismo tratamiento que cualquier repartición de la administración pública. Se les debe aplicar la misma legislación penal. Curiosamente, el último proyecto de ley de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas que el Poder Ejecutivo envió al Congreso no incluye a los sindicatos que tienen personería jurídica al igual que cualquier ONG.

Nota: Para una presentación más extensa del autor sobre el populismo ver la Serie Documentos de Trabajo de UCEMA.